Londres nutre a los devotos de Shakespeare
LA EXPOSICIÓN DEL GLOBO EN LONDRES, PASEO ACTUAL POR LOS SECRETOS DE LA ÉPOCA ISABELINA
POR Alegría Martínez
Existe un lugar donde se puede escuchar la voz de Richard Burton como protagonista de La tempestad, la de Judi Dench en Los dos hidalgos de Verona, o la de Alec Guinness como el Rey Lear. Marlon Brando le presta su voz a Julio César y Lawrence Olivier y Vivien Leigh interpretan Antonio y Cleopatra. Sus tonos y diversidad de timbres inundan la breve cabina que integra parte del archivo nacional sonoro de Londres, cuyo sonido ambiental viste la escena para el escucha que de inmediato genera sus propias imágenes ahí, en menos de un metro cuadrado, con sólo presionar un botón.
A la orilla del Támesis, en Londres, se erige un templo vivo para devotos de Shakespeare, El Globo, cuya reconstrucción –apegada al original que en 1599 albergaba a la Compañía de Lord Chamberlain a la que pertenecía William Shakespeare–, fue inaugurada en 1977, año desde el que abre sus puertas a la escenificación de las obras del dramaturgo universal, así como a visitas guiadas, actividades educativas, a una atractiva tienda que reproduce en infinidad de objetos los textos y las imágenes del universo shakespereano y a una exposición, a un lado del teatro, que nos conduce como en un túnel del tiempo, a un viaje con tecnología actual por los secretos de la época isabelina.
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Si entre los deseos ocultos del visitante a esta exhibición instalada en un edifico aledaño al Globo, está el de ser por una vez en la vida la Julieta de Romeo, el Malvolio de la misma tragedia, o Titania, la reina de las hadas del Sueño de una noche de verano, e incluso el Doctor Fausto de Marlowe, no hay más que entrar a otra cabina como respuesta inmediata a la invitación que dice: Únete a la Audición.
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Una vez dentro, te espera el micrófono que grabará tus parlamentos cuando al encenderse el foco rojo, leas el texto que te toca de la obra elegida, para esperar después el del personaje que te acompaña, de modo que puedas escuchar una réplica perfecta. Se puede grabar y escuchar para detectar los errores, intentarlo de nuevo y dejarlo ahí, cuando se te indica que lo has hecho bien y la práctica ha terminado.
El paseo, que comienza con una exposición de pinturas al óleo de Rosalinda Lyons Hudson, realizadas a partir de la observación que la artista hizo de representaciones, ensayos e investigaciones en el archivo del Globo, continúa en la parte superior, con maquetas y dibujos que muestran lo que debió haber sido The Rose Play House, en 1594, entre otros escenarios, y muestra mediante magnas ilustraciones, fotografías y explicaciones lo que debió haber sido el proceso de reconstrucción del Globo inaugurado en los 90’ a iniciativa del actor norteamericano Sam Wanamaker, quien después de visitar Londres en 1949 se dio a la tarea de levantar el teatro que no llegó a ver de pie y que hoy es una realidad que irradia su propia magia.
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Los métodos utilizados en la creación del vestuario de hace 400 años, muestras de tela, de hilos, vestuarios completos para los personajes de Shakespeare, así como de utilería que comprende desde espadas, puñales, armaduras, cascos, candelabros y títeres, hasta elementos de escenografía como la cama con sábanas de lino y cortinas de seda utilizada para Romeo y Julieta en el 2004, se encuentran abiertos a la mirada de los devotos del poeta en este lugar, cuyo acervo se enriquece cada día.
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La planta baja invita a darle vuelta a una manivela de madera para producir el sonido del viento, o a sentarse ante un escenario pequeño sobre unas bancas largas de madera, para observar a un voluntario que hace las veces de maniquí viviente mientras es vestido por dos jóvenes que explican paso a paso en qué consiste el vestuario del personaje Falstaff, en Las alegres comadres de Windsor desde que le ponen sus medias, su ropa interior confeccionada en lino parecida a un gran camisón, las largas agujetas de sus zapatos con antiderrapante para cuando el escenario se moja , la botarga que le hace crecer el vientre, su corpiño, la casaca, el sombrero y su morral, donde siempre trae un buen trago.
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Las ilustraciones del rostro del dramaturgo y poeta y diversos textos sobre quién fue Shakespeare, cómo era Londres en su época, así como una reproducción de las primeras imprentas con todo y el primer folio de la colección de sus obras publicadas en 1623, es parte también de lo que ahí se encuentra.
El gran oso realizado en 1978 para una producción del Teatro Nacional en alusión a las batallas que, como pasatiempo se hacían en los siglos XVII y XVII, espera de pie en una de las salas.
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El espacio es un homenaje estético y vital que abarca cada uno de los rubros que hacen posible el teatro. El camino hacia la salida muestra, además de planos y fotos de los arquitectos que hicieron posible El Globo, una imagen del techo del escenario, donde el cielo contiene a las influencias benignas: los dioses, los espíritus y las constelaciones, mientras bajo el piso de madera, se encuentra el infierno con sus influencias malignas y entre ambos se hace posible la existencia humana envuelta por tragedia y comedia.