JUAN ERNESTO DÍAZ PLANTEA LA SOLEDAD, LA BATALLA O EL HEROÍSMO SIN EL CLICHÉ MUSICAL DE LAS PUESTAS EN ESCENA DE LAS OBRAS SHAKESPEARIANAS
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Enrique IV de William Shakespeare sonará a música de concierto y popular mexicana en Londres. Juan Ernesto Díaz estrenará este mes en la capital del Reino Unido la música original de Enrique IV, primera parte, con que la Compañía Nacional de Teatro representará a México en el festival Globe to Globe, donde compañías de 37 países escenificarán en su propio idioma obras del reconocido poeta inglés.
Artista interdisciplinario, una especie de híbrido entre músico y diseñador sonoro que trabaja con nuevas tecnologías, Juan Ernesto Díaz retornará en esta ocasión a un trabajo cien por ciento musical, para el que reunirá un ensamble para percusión además de tuba, trombón, clarinete, y trompeta.
Se trata de explorar la cercanía entre la música de concierto y lo popular mexicano. De este modo se intenta contextualizar el montaje que dirige Hugo Arrevillaga en algo más propositivo, que no caiga en lo isabelino de la obra, dice el artista.
“Hay una parte de México fuera del país que es un cliché, no sólo musical, sino también plástico, semejante a una postal artística del clásico mariachi de Garibaldi o a la imagen de las máscaras de luchadores, pero también hay un lado musical de nuestro país que involucra a las bandas de viento tanto en el norte como en el sur, que es un vínculo directo con la tradición europea de estos instrumentos, por eso elegí este ensamble que tiene la cualidad de poder evocar este tipo de territorios, mientras sus recursos musicales, es decir, los timbres, pueden tener técnicas distintas que lo vuelven un paisaje sonoro interesante.”
Enrique IV, primera parte, en palabras de su traductor al español, Alfredo Michel Modenessi, es una obra que transita entre una guerra civil donde nobleza y bajeza cohabitan y se confunden, y hay espacio para un complejo examen sobre el vínculo entre padre e hijo.
El príncipe heredero enfrenta dos modelos: el de su padre verdadero, el rey Enrique IV, un hombre quizá más en busca de su propia e imposible paz que del amor de un hijo; y el de Falstaff, especie de padre por adopción, un vicio corrosivo pero fascinante. La intervención del príncipe en el conflicto público lo llevará, tal vez, a resolver el dilema privado.
El reto musical para este artista reside en generar una obra musical, interesante aunque no sea innovadora, dentro del contexto de un clásico como al que se enfrenta. Para lograr este objetivo intenta contextualizar y entender su propio lenguaje y parte de la idea de que en México hay intrigas de poder, trampas, luchas y batallas que permiten generar la interpretación de una obra clásica y darle un toque contemporáneo. Es un poco como decir que lo que la obra plantea sigue siendo vigente, que nada ha cambiado.
Para poder amalgamar este texto clásico con un sonido también actual, Juan Ernesto Díaz lleva a cabo un contrapunto en el que exhibe los conceptos de soledad, batalla o heroísmo sin recrear el cliché musical de las puestas en escena de las obras shakespearianas. Lo que pretende es evocar sensaciones a partir de imágenes concretas sin reproducir, por ejemplo, el sonido de las lanzas, sino a partir de sonidos abstractos y timbres que hablen de la identidad musical sonora.
Interesado en vincular al intérprete con las primeras ideas de la partitura, Juan Ernesto Díaz acostumbra componer no únicamente a solas sobre el papel, sino que toma en cuenta todas las ideas de quienes van a participar en el montaje, de modo que las sonoridades puedan funcionar y que las ideas que tengan cierto nivel sean “tocables”, por eso para él es muy importante el trabajo con cada uno de los músicos, puesto que conocen mejor los secretos de su instrumento.
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En esta ocasión, y dadas las características del montaje en el que no hay propiamente escenografía ni iluminación puesto que se presenta en el Teatro El Globo (que es una reproducción del escenario original de aquel en que se representaban las obras de Shakespeare) hay que partir literalmente del texto, dice el músico. |
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“El teatro contemporáneo ofrece estas herramientas que permiten crear un sonido o una luz, o mediante sistemas de amplificación y generar un timbre distinto, pero en esta ocasión debe ser el instrumento el que lo haga, por esta razón hay un trabajo muy cercano con el director Hugo Arrevillaga y con los intérpretes que es estrictamente musical.
“Con Hugo escuchamos estas ideas en maquetas de secuencias que yo genero y vamos trabajando e imaginando el montaje, porque ese ejercicio permite que él también vaya visualizando escenas a través de esta labor previa, lo que da elementos que permiten integrar mejor el todo.”
El director musical convocó para este acontecimiento a músicos dispuestos a trabajar para la escena que tuvieran los conocimientos formales de Conservatorio, proyectos fuera de la música académica y contacto con las expresiones populares, además de tener la capacidad de improvisar en los diferentes lenguajes del proceso creativo mediante los referentes musicales que ellos puedan aportar.
Con Edwin Tovar en las percusiones, Pablo Ramírez al clarinete bajo y clarinete en SI bemol, Alan Fajardo en la trompeta y Paul Conrad en la tuba y el trombón, Juan Ernesto Díaz llegará a Londres, donde sus instrumentos unirán a la cultura inglesa y a la mexicana mediante sonidos de música europea con notas de Tlayacapan o Oaxaca, que generarán intensos y sólidos vínculos.
Enrique IV, primera parte de Shakespeare, se presentará el día lunes 14 de mayo a las 19:30 horas y el martes 15 a las 14:00 horas en The Globe, un recinto que fue construido en 1599 a orillas del río Támesis y que fue cuna de las obras del famoso dramaturgo William Shakespeare: El rey Lear, Julio César, Macbeth, Hamlet, Otelo, entre otras. En 1613 un incendio destruyó las instalaciones del teatro y en 1997 se reabrió bajo el nombre de Shakespeare's Globe Theatre respetando las formas de la antigua construcción, aunque a 200 metros del sitio en donde abrió sus puertas por primera vez.
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