ESPECIALISTA EN TEXTOS POÉTICOS Y PROFUNDOS, HUGO ARREVILLAGA LOS LLEVA A LA ESCENA MEDIANTE UN TRABAJO EN EL QUE NO HAY LUGAR PARA LA INDIFERENCIA
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Cuando los actores respiran, se mueven y transforman a unos cuantos centímetros de quien los observa, el rostro limpio de poses y la mirada abierta como el corazón dispuesto, el puente que los une al espectador, se vuelve sólido e irrompible.
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Tapioca Inn, grupo que dirige Hugo Arrevillaga, mantiene la virtud de proponer acontecimientos, acciones y palabras que entran como dagas certeras hasta ese lugar de nuestra emoción que se vulnerada hasta lo externo, por más que se intente guardar la forma. |
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Torrentes de lágrimas, expresiones sofocadas, ráfagas de imágenes, sonrisas congeladas y alguna risa en la marea de contradicciones creadas por el implacable sinsentido humano en el que nos reconocemos, es parte de lo que el espectador experimenta al asistir a una puesta en escena de este grupo de teatro. |
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Especialista en textos poéticos y profundos que acercan al espectador de hoy al horror de la guerra actual, del poder, la rabia, la muerte, o el amor y sus espinazos del diablo, Arrevillaga elige textos de Wajdi Mouawad principalmente, de Daniel Danis o de Anja Hilling, y los lleva a la escena mediante un trabajo en el que no hay lugar para la indiferencia. |
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Los personajes de las obras que selecciona, vinculados en algunos casos a los más grandes mitos griegos, son personas como quienes acuden a verlos, gente que carga con su error trágico bajo la indumentaria de diario, sin grandilocuencia; seres marcados por las preguntas que nos desmadejan la existencia. |
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Tapioca Inn expone sobre un escenario –que por lo general comparte con sus espectadores–, esas historias que nadie se atreve a contar. Los secretos que nos hacen caminar con una parte de nuestro cuerpo hundida, chueca, cubierta, oculta o empequeñecida, como si cada uno de nosotros tuviera ahí su propio balde de lágrimas a punto del desbordamiento que a cada segundo nos esforzamos por contener. |
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Pero así también, luego de mostrar las peores aberraciones de que somos capaces, siempre hay espacio para que se asome una luz que nos impida autoaborrecernos y en cambio nos impulse a amarnos, a comprender, a recuperar un trozo de solidaridad o algo de empatía de las que hemos huído a ojos cerrados. |
¿Cuál es la virtud de sus actores, cuál la de un director que sabe generar y mantener el interés en el espectador, la tensión, la atención y la necesidad de estar ahí cada vez que se presentan?
No hay fórmulas mágicas. Incluidos algunos desniveles actorales, formaciones distintas en el elenco, edades, lenguajes y posibilidades diversas, está ante todo la búsqueda de verdad en escena, el valor para mirar a un espectador de frente desde los ojos de un personaje, la comprensión de cada circunstancia y el efecto de ésta sobre la existencia del otro. Hay capacidad para narrar un suceso y protagonizarlo a una distancia de segundos. La necesidad absoluta de comunicar algo imprescindible y la comprensión del significado de las palabras: la certeza de que ninguna puede ser dicha en vano.
Arrevillaga no gusta del artificio. La música –original la mayoría de ocasiones–, la escenografía, el vestuario, la luz, son elementos al servicio del texto, del actor, del espectador y en beneficio de todos.
No hay un diseño planeado para acostarse encima del otro, no se trata –como suele suceder en nuestro teatro– del diseño único de un escenógrafo o de un vestuarista, creados con ánimo de expandirse a solas, sino de una obra que fusiona propuestas, de un concierto en el que cada lenguaje artístico apuntala el todo.
También es cierto que al ver estos montajes se corre un riesgo, lo viven todos los que acuden a la experiencia sin saber qué detonadores internos le serán accionados.
Arrevillaga, actor, asistente de dirección, gestor cultural, ensayista, director, cálido ser humano, le da una cachetada con guante blanco a la falsa afirmación de que no hay público para teatro y a quienes la repiten como coro desvencijado.
¿Cómo es entonces que sus funciones se llenan de público, que se agotan los boletos días antes, cómo es que la gente sale conmovida y agradecida, que un actor como Diego Luna –sin necesidad de ello– decide producir lo que este grupo propone?
Hay a quien no le hace feliz este tipo de teatro, eso también es cierto, pero no hay quien salga indiferente.
En las obras de Tapioca Inn estamos todos, o un fragmento de cada uno, y ahí los jóvenes toman su espacio, como la desesperada Julia de Pacamambo, que reta a la muerte para escupirle que no tiene derecho a llevarse a los que amamos. Obra en la que llega la muerte como una pequeña luz para sentenciar: “Soy una prueba de la existencia”.
Concepción Márquez, Pedro Mira, Miguel Romero y Sara Pinet conforman el elenco de Pacamambo, una obra sobre el amor y la rabia, la incomprensión y la necesidad urgente de creer que hay un lugar en el que podemos elegir ser otro.
Universo escénico en el que infancia y adolescencia no están excluidas de la vida adulta, sino al contrario, son parte esencial de lo que resultamos, por eso es también que este teatro llega hasta la parte más blanda de un pasado que por lo general hemos incrustado en un fósil pétreo, conformado a golpes de una amnesia autogenerada.
FICHA
Tapioca Inn estrenará Litoral, de Wajdi Mouawad, dentro de la Sexta Muestra de Artes Escénicas, el 10 de noviembre en el Teatro de las Vizcaínas, a las 19:00 horas y ofrecerá funciones los días 11 y 12 de noviembre, igual a las 19:00 horas.
Los días 23, 24 y 25, a las 18:00 horas, se presentarán en el Centro Cultural de las Artes Escénicas María Rojo (Manuel González s/n, esq Lerdo, 2a sección. Tlatelolco). En este montaje actúan: Pedro Mira, Alejandra Chacón, Adrián Vázquez, Rebeca Trejo, Miguel Romero, Sonia Franco, Tomás Rojas y Guillermo Villegas, con la asistencia de dirección de Anabel Caballero y bajo la dirección de Hugo Arrevillaga.
2011-11-07
Excelente artículo... Ahh como me choca no vivir en el DF!!