Con 45 años cumplidos como crítica de teatro, Olga Harmony responde que no sabe qué es lo que la sujeta al teatro, pero tiene la certeza de que quien lo prueba, se aficiona a este arte que es contagioso.
Reconocida con la Medalla Bellas Artes y con la Medalla Xavier Villaurrutia que le fue otorgada en la pasada Muestra Nacional de Teatro, Olga Harmony ha colaborado en diversos medios de comunicación a lo largo de su trayectoria, desde su participación en un programa de televisión con Luis Spota, hasta la publicación de sus artículos en revistas y periódicos como El Nacional, Excélsior, Unomásuno y el diario La Jornada, donde ha estado desde su fundación hasta la fecha.
Franca en su respuesta respecto a que el crítico de teatro se desenvuelve en un medio difícil, la maestra Harmony, como la llaman cariñosamente, comenta que esta realidad se debe a que cada vez desaparecen más los espacios de expresión para el crítico, porque muchos de los que se hacen llamar así, no conocen la materia sobre la que escriben. Por otra parte -abunda-, en general no están bien pagados pero tampoco se puede exigir lumbreras en todas partes porque el colaborador de una revista o de un diario no tiene defensa.
“El periodista responde ante un sindicato, pero nosotros no, si tenemos algún problema con un jefe o un coordinador de página, dejan de publicarnos. No es mi caso en La Jornada, pero sí lo ha sido en otros medios como Excélsior y Unomásuno, por eso es precario el trabajo del crítico. Muchas personas sólidas han perdido su trabajo”.
Para la autora de la obra La ley de Creón, es evidente que los periódicos y revistas serias se mantienen por los colaboradores políticos que son la columna vertebral y “los críticos de arte de alguna manera pasamos a ser secundarios y eso lo debemos de entender.”
Al hablar sobre la utilidad de la crítica, la escritora externa: “Aunque soy una persona de izquierda y estoy en un diario que responde mucho a mi ideología, lo que hago es muy elitista y el lector que imagino para mí, es alguien con escolaridad, con interés por el arte, por el teatro. Veo que mucha gente compra La Jornada por convicción política, pero no llega a la página de Cultura, y si lo hace, no va a leer la crítica de una obra que a lo mejor no va a ver; es un público muy específico. De todos modos, al que sí se interesa, podemos darle una opinión, cierto análisis con sustento, algún dato que no venga en el programa de mano y en cuanto al medio teatral, somos un interlocutor válido”.
Consciente de que a los teatristas les interesan mucho las buenas críticas, a veces porque les ayudan a conseguir becas, Olga no escribe con dedicatoria a la gente de teatro, sino a ese público desconocido que espera lea sus textos.
También le ha llegado a suceder que algunas personas se han molestado al leer sus artículos, pero dice: “Yo no escribo para molestar ni para elogiar, sino para tratar de hacer un análisis de lo que veo. Y otra cosa: No creo en la objetividad. No podemos ser objetivos. Estamos teñidos por nuestra circunstancia, nuestra edad, sexo e ideología, pero trato de ser imparcial y a veces escribo bien de gente cuyo obra no me gusta y me cuesta mucho trabajo ver algo que no me gustó de una persona que considero amiga.”
-¿Por qué se dice que no hay crítica en México?
-Porque somos muy pocos los que nos tomamos en serio esta profesión, los que tenemos algún conocimiento de lo que estamos tratando, y porque además no hay tantos espacios para nosotros y existe una gran cantidad de gente improvisada, que si no encuentra espacios en periódicos y revistas, hace un blog para tener entrada gratis a los teatros.
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-¿A qué se debe que no haya formación para críticos?
-Creo que es necesario conocer la materia de la que se va a hablar y por lo general somos pocos los que hemos pasado por algún centro de estudios. Hay también quien dice que somos gente de teatro frustrada, pero yo creo que la crítica es algo muy creativo; tiene uno que reelaborar lo que los teatristas han hecho en un
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escenario, se debe husmear en el fenómeno teatral completo, en los elementos que integran el teatro. Yo creo que es un proceso muy creativo y muchos de nosotros, hemos creado otro tipo de obras y aunque así no fuera, insisto en que el mero hecho de hacer crítica en serio y tratando de fundamentar los aciertos, es un proceso creativo que lleva un trabajo interno muy anterior a que uno se siente ante la computadora.
-¿Cuál es tu método, cómo es tu proceso para escribir el artículo de cada jueves?
-Primero como todos, estoy rumiando lo que vi. El día que voy al teatro duermo mal, porque estoy dándole vueltas a lo que observé y una vez que encuentro la punta de la madeja, -me refiero a las obras que me dicen algo-, hago algunas investigaciones pequeñas en libros, ahora, por la fabulosa internet para agregar algún detalle más allá de lo que diga el programa de mano.
Y entonces arranco a escribir, priorizo la obra, el texto -claro que si es El rey Lear no me pongo a releerla-, luego me centro en la dirección, en cómo se enfocó el texto, en la escenografía. Es muy curioso porque me dicen que soy de los pocos críticos que hablan de este tema; luego me detengo en las actuaciones y todo lo que rodea la puesta en escena: música, iluminación que generalmente van juntas. Y aunque no analizo ambas a fondo, por lo menos las menciono. Tampoco analizo las actuaciones porque ¿qué puedo decir? ¿Fulana de tal es una actriz espléndida? ¿Y cómo lo demuestro? Sólo viéndola.
No se puede explicar y aunque digan que no debemos utilizar tantos adjetivos, no encuentro la manera de demostrar que algo me pareció excelente y por qué. A veces puedo, por ejemplo en el caso de las actuaciones, decir que un actor tiene una amplia gama de expresiones o gran habilidad corporal; en fin, algunos recursos, pero que no son analizables totalmente. A veces quieren que seamos genios.
-¿Qué te pasa internamente cuando ves algo horrible, ante tu deber de escribir?
-Me siento enojada, ni siquiera defrauda. Me pone de mal humor el teatro mal hecho y ante la computadora, pues lo digo, aunque a veces no. Cuando se trata de un grupito principiante al que caí por error y está haciendo algo espantosos, pues no voy a ponerme a decir nada, no escribo, pero si está muy apoyado por los recursos del estado o de otros, entonces sí creo que debo decir lo que pienso ante lo que vi.
-¿Que sucede al contrario, cuando te encuentras con una gran obra?
-Me lleno de alegría, salgo muy contenta. Son las obras que te hacen volver y revolver, pensar y tratar de llegar hasta las últimas posibilidades de tu trabajo, intentar entender hasta lo último de la propuesta.
-¿Has decidido no escribir sobre el trabajo de alguien?
-Sí, pero después me desdigo y vuelvo a escribir. Aunque si hay alguien que no me gusta definitivamente, ya ni lo veo porque puede parecer persecución. La gente es muy escandalosa frente a nuestro quehacer, siempre piensa mal y no quiero dar paso a que parezca una especie de acoso.
-¿Qué te ha dado esta profesión?
-Me ha hecho que aprenda cada vez cosas nuevas. A pesar de que soy tan vieja puedo aprender mucho gracias a esta profesión. Me ha permitido mantenerme vigente, y también me ha dado recursos económicos aunque esto suene muy metalizado, pero soy de las personas que creen que todo trabajo debe ser retribuido.
-¿Eres gente de teatro?
-Sí. Lo demostré cuando inventé la Academia Mexicana de Arte Teatral que después los teatristas dejaron caer. Ellos me aceptaron como gente de teatro. Esto, y los reconocimientos que he recibido, han afirmado mi pertenencia al gremio.