Descubrir la pasión y el impulso creador, objetivo de enseñanza teatral, asegura
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Gonzalo Blanco, actor, director y profesor de teatro en dos importantes colegios a nivel profesional, es protagonista de una escena cuya imagen anidó de manera permanente en la memoria de quienes tuvimos la fortuna de presenciar la obra Armas blancas de Víctor Hugo Rascón Banda, bajo la dirección de Julio Castillo en el sótano del teatro de Arquitectura durante la década de los 80.
De aquella época –cuando se construyó el contundente paisaje escénico del encuentro de dos hombres desnudos bajo el agua de una regadera de presión a punto de un acercamiento sexual interrumpido por la presencia de un mudo– al 2011 en que Gonzalo ha pisado esporádicamente la escena, su actividad se ha volcado a la enseñanza.
Cabe mencionar que dicha imagen, perpetuada en una fotografía publicada hace algunos años en una red social, implicó la cancelación del perfil de su autor, quien actualmente continúa con una impresionante galería de fotos diversas en otra red.
La impartición de materias –como historia del teatro que abarca tanto siglos de oro español, como isabelino, clásico francés y cursos de actuación 1 y 2 en el Colegio de Literatura Dramática y Teatro en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, además de cursos de cultura integral como apreciación estética, y los ya mencionados en La Escuela Nacional de Arte Teatral del INBA (ENAT) – ha conducido a Gonzalo a la ardua labor de preparar profesionales de la actuación en un país donde, como lo admite, el 90 por ciento de sus habitantes nunca han ido al teatro.
La amarga verdad
En su opinión, el artista debe reconocerse como la oveja negra, como una entidad única y defenderse, porque en cualquier ámbito tendrá que nadar contra corriente.
“Los papás no quieren que seamos artistas, la familia se burla de nuestra elección y la sociedad no nos necesita, así es que si no te apasionas por ti, hacia ti y para ti, no eres nadie; eso es lo que me interesa que capten mis alumnos”.
Descubrir la pasión y el impulso creador es el interés de este profesor que cuestiona a sus estudiantes de Apreciación Estética, sobre cuál hubiera sido su elección profesional en caso de no haber optado por el teatro.
“Mucha gente está en la balanza, más que algo racional, es instintivo, por ejemplo: una chica que es jazzista, cuando descubrió lo que es el teatro, dejó su saxofón en segundo lugar. Un joven que tenía al futbol como su pasión, se quitó el uniforme y se puso el leotardo llorando porque finalmente renunció al deporte.”
Exponer con toda el alma
Despertar en sus discípulos la pasión por la profesión artística que han elegido, es la preocupación principal de este hombre de teatro, para lo cual en una de sus clases, los estudiantes deben hacer una exposición de lo que los apasiona.
“Un chico le dijo a su papá que lo necesitaba para exponer sobre la canción popular. El padre llevó su guitarra y después de haber interpretado algunas piezas juntos, el joven le dijo: Tú creías que la exposición era sobre el canto, pero en realidad es sobre ti porque tú eres mi pasión. Nos tenía a todos en el llanto; al joven se le quebró la voz, al papá se le rozaron los ojos y quedó establecido que la exposición debe hacerse con toda el alma”.
Al recordar a un joven de Puebla que ayuda a un grupo de niños que sufren violencia intradomiciliaria, Gonzalo narró la exposición en la que –como a esos niños que al ser abrazados se quejan de dolor causados por moretones en el cuerpo, o por marcas de cigarro apagados en su piel– el estudiante pidió a sus compañeros que cerraran los ojos en la oscuridad y pidieran un deseo a las estrellas.
“Cuando abrimos los ojos, había estrellas por todas partes, expulsadas por tubos plásticos de neón cortados. Los compañeros se empezaron a revolcar y sus cuerpos a llenarse de esas estrellas. El chico que expuso, lloraba por las experiencias que vive en ese campamento que es su pasión y que compartió con nosotros. Sólo si estás apasionado justificarás la elección de tu profesión.”
En su experiencia personal, a Gonzalo Blanco le enseñaron lo que es un arte pero –enfatiza– a la hora de los cocolazos tuve que aprender a llenar un recibo de honorarios, a hacer una declaración de impuestos cuando antes no pensábamos en eso. Y pues sí, se trata del arte del cual pretendes vivir, así que debes verlo no sólo como artista, sino también como un profesional. Lo peor del caso es que uno tiene que ser su propio agente y productor.
Lo que se espera de los hijos
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Los obstáculos con que el profesor se enfrenta actualmente, es que la mayoría de los chicos que entran a estudiar teatro, proceden de una clase social media o baja, de familias en las que se espera que los hijos sean médicos, abogados o ejecutivos y las chicas se casen y tengan hijos porque los papás quieren tener nietos.
Partidario de cátedras prácticas, Gonzalo Blanco ya no da clases de actuación 1 y 2 a alumnos de primer ingreso, porque esas materias, con el nuevo plan de estudios, se transformaron en fundamentos de la actuación. “Pedí no dar ya esa materia que equivale a kinder de la actuación porque se trata únicamente de conceptos, puesto que me piden que los alumnos de primero no suban al escenario”.
El actual plan de estudios, realizado por maestros que son partidarios de la teoría y no de la práctica, ha reducido materias de seis horas a cuatro. “Cuando les dije que no me era posible impartir biomecánica de Meyerhold en dos horas, me dijeron No la des, cuando en 15 años de impartir la materia se ha demostrado su efectividad. |
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“Los chavos de la facultad están descontentos. Hay contrataciones fugaces de un semestre porque la persona no estaba a la altura de las expectativas de la materia y aunque todo cambio provoca un caos al principio, todavía no lo han podido resolver.”
Gonzalo Blanco se gana la vida enseñando, lo cual le permite hacer teatro cuando quiere sin presiones de –como dice– estar persiguiendo la chuleta. Sus dos sueldos le alcanzan para vivir cómodo, aunque siempre al final de la quincena se encuentra arañando la pared.
El profesor de actuación 2, que enfrenta a sus alumnos al realismo y los impulsa a actuar en una verdadera sala si se trata de obras como Quién le teme a Virginia Woolf, por ejemplo, o los hace subirse a un colectivo a representar La casa de Bernarda Alba de García Lorca, dice que estas experiencias les ayudarán si llegan a actuar en teatro, cine o televisión porque es como poner en práctica la teoría de Stanislavski a la quincuagésima potencia.
En cuanto a las materias de historia, el académico se propone que los jóvenes lleguen a entenderlas, que las aprecien como algo vigente y vital puesto que autores como Shakespeare, Lope de Vega, Moliere, Calderón de la Barca o Corneille, hablan de pasiones humanas que el hombre de hoy integra, y de consideraciones importantes como el poder, la política, el amor y la guerra.
En su opinión sólo hay que llegar a apreciar la forma en que estas obras están escritas, por lo que además les enseña ritmo y métrica de la versificación castellana para que al llegar a una audición tengan las bases necesarias.
Lo que los alumnos le han dado
En una especie de retorno a la metodología pedagógica, Gonzalo es uno de los poquísimos maestros que se dejan dirigir por sus alumnos. Estos han sido sus más recientes trabajos de actuación.
“Interpreté a Oscar Wilde en El fantasma del hotel Alsace, de Vicente Quirarte, ésta fue mi primera muerte escénica. Posteriormente en la obra Nemini Parco, que quiere decir de la muerte nadie se salva, o algo así, escrita y dirigida por Ricardo Loyola Mejía, interpreté a un Papa pederasta polaco, ese fue mi primer monstruo escénico.
“Y a otro alumno, José Alberto Gallardo, quien dirigió Fragmento de Teatro Número 2 de Samuel Beckett, le debo mi primer y viaje a Europa al Festival de teatro de Polonia. Así como también a Eduardo Escobar le agradezco haber interpretado a Goya, en el Festival Universitario, mi primer y único viaje a Australia donde interpreté a Leonardo Da Vinci. ¡Personajazos!” |