Con Luis de Tavira aprendió que en el teatro todos son un mismo equipo, como si fueran la selección nacional, donde el objetivo siempre es el mismo: ganar.
De chavillo, Fermín Sánchez trabajó en carpintería, fue carnicero, panadero y empleado en una fábrica de medidores de agua. Tiempo después, laboró en la hechura de elevadores para garajes, lo que le enseñó a manejar la herramienta.
Fascinado por los programas que se hacían en los llamados Estudios San Angelín, hoy Televisa San Ángel, como Juan Pirulero,El club de los millonarios y Domingos espectaculares con Raúl Velasco, Fermín Sánchez convivió con esas imágenes en su infancia, hasta que lo invitaron a ver un partido de futbol en la pantalla gigante del Auditorio Nacional que lo dejó impresionado.
Un buen día, un vecino suyo iba a recomendar a una persona para trabajar en el Auditorio, pero como no lo encontró, le dijo a Fermín que se presentara él y lo contrataron como personal de intendencia.
Al cabo de un año, Efrén Solares, quien se encargaba de reparar telones y hacer escenografías para el foro del Auditorio, construía una concha acústica para el Palacio de Bellas Artes y Fermín le pidió chance de trabajar con él para aprender la técnica. Tres años estuvo ahí hasta que tuvo le llegó el momento de operar los movimientos escénicos de la obra Fuentevaqueros en la que actuaban -recuerda- “Adalberto Parra, Carmen Delgado, Marta Aura, Marta Verduzco, Ana Ofelia Murguía, Salvador Sánchez. Ahí fue mi debut, con ellos.”
Año y medio en el Teatro de la Danza donde trabajó con Guillermina Bravo, Michael Descombay y Flores Canelo, entre los coreógrafos, además de un sinfín de obras y espectáculos como el de Procol Harum, Los Osmond, Liza Minelly, Eugenio Barba y Tadeuz Kantor, por mencionar sólo algunos, hicieron que Fermín cumpliera 36 años en el actual Centro Cultural del Bosque, donde se desempeña como jefe del área de tramoya del Teatro El Galeón.
La escuela del teatro es la práctica
“Nos dedicamos a organizar y hacer los movimientos escénicos, la reparación de escenografía y por fuera hago construcciones que puedo realizar en madera, en herrería y trabajo un poco la fibra de vidrio y el unicel.
“ ;Como no hay colegios en esto de la técnica -aunque últimamente se han implementado algunos- la escuela del teatro es la práctica. Esto es de obra con obra, del día a día, uno debe hacer diferentes cosas y conceptos sobre algún montaje, para que conozcas, crezcas, adaptes y construyas elementos de escenografía.”
Parte de lo que también ayudó a Fermín en su formación como técnico, fue conocer la labor que realiza un actor.
“Tuve la oportunidad de estar en la obra Nadie sabe nada de Vicente Leñero. Era el agente que salía en el carro rojo. El que tiraba los plomazos era yo. Y en Máquinas de coser, era el punk. También me ayudó bastante cuando hicimos Los cuentos del baúl y La isla del tesoro donde salíamos de piratas y hacíamos los cambios de escenografía a vistas. Se usaban unos peluches que simulaban la isla y en la taberna éramos los borrachitos.
“La primera vez que salí a escena, mi voz que es grave, se hizo aguda y esa vocesota se volvió un chisguetito por el nervio escénico, que dice uno que no lo hay, pero sí lo hay: pararse ahí frente a la gente no es tan fácil”.
Comprender al actor
Estas participaciones de Fermín en el escenario le ayudaron a comprender la angustia del actor cuando el técnico no está en su lugar y a hacer bien las cosas.
“Al actor lo metes en un problema si, por ejemplo, le pones un cigarro pero no le dejas el encendedor porque entonces ¿cómo lo prende? Eso lo lleva a desconcentrarse y el espectáculo empieza a demeritarse porque viene un tropiezo tras otro y los actores se preguntan si al cambio siguiente estarán los elementos para hacer bien su trabajo.
“En El caballero de Olmedo, me la pasaba haciendo cambios escénicos con cronómetro durante las mañanas porque tenían que hacerse en segundos y el chiste es que cuando llegara el maestro, estuvieran listos y a tiempo sin necesidad de que estuvieran los actores.”
Entre las experiencias agradables, Fermín recuerda que el maestro De Tavira les decía que todos pertenecían a un mismo equipo, como si fueran la selección nacional y el objetivo era ganar. Entonces, todos estaban al mismo nivel desde el primer actor y el primer técnico, porque debían tener el valor de sacar el trabajo adelante.
A 36 años de distancia, Fermín encuentra su trabajo apasionante, divertido y no rutinario porque cada mes se cambia de escenografía, de actores, de director, de música y todo es novedoso.
Recientemente, por ejemplo, recuerda las funciones de una compañía de Yucatán que utilizó el escenario modular de El Galeón, como debe ser –dice-, lejos de teatro a la italiana. Movieron la butaquería en paralelo y en el foso de tres metros por 14, pusieron practicables de triplay que simulaban una montaña de 1.40 y otra de dos metros, de manera que el espectador veía el espectáculo hacia abajo “y fue muy bonito”.
“En el teatro hay un dicho: si te acabas un par de zapatos aquí, el otro no te lo acabas nunca. Yo no tengo ritos. Todas las mañanas me persigno y salgo de mi casa. Llego al teatro y ahí hay una virgencita y me persigno entrando, pero dicen que la suerte no llega, la tienes que buscar trabajando y haciendo labor para que todo llegue a buen puerto.”
Fermín ha hecho trabajo con grupos extranjeros, con los que ha resuelto construcciones complejas “de oídas”, como aquella vez que los alemanes mandaron sus constructivos y él propuso realizar los elementos en la escala 1 por 33 que en México no se usa, pero con la que –asegura-, le dieron al clavo.
Se comunicó con el legendario director polaco Tadeuz Kantor mediante señas y así se dio a entender, como con los italianos, y los ingleses, porque al fin y al cabo, dice, “las señas son un lenguaje universal y luego ahí te vas familiarizando”.
Sin embargo, en algún momento le tocó participar en un proyecto de rescate y desenvolvimiento de las artes escénicas y fue a Río de Janeiro con Arturo Nava, Luis García y Eduardo Cervantes, a elaborar un libro sobre la técnica de los elementos teatrales. Lograron que cada equipo hiciera un libro que incluyera iluminación, escenotecnia, tramoya, escenografía y arquitectura teatral en cuatro idiomas.
“Hay un espacio que nadie nombra en ningún libro, ni siquiera en el tumbaburros, que es el libro de la Unión Nórdica de técnicos y escenógrafos de teatro que está en 98 idiomas. Este lugar es el que hay dentro de la caja escénica, donde se guardan los telones en la parte de arriba: le pusimos ´la urdimbre’. El concepto es claro: donde tú estás urdiendo la trampa.”
2010-12-05
Asomo con chispa a los artífices anónimos del lado desconocido del mundo escénico. Definitivamente el retrato del hombre que se atrevió a seguir su fascinación hasta las últimas consecuencias, que en el camino se reinventó a si mismo y constru
2010-12-05
construyó su profesionalismo. Mis felicitaciones a Alegría por esta nota y a Fermín por su apasionante trayectoria.