EN TEATRO ÉL ES CONOCIDO COMO TRASPUNTE Y, CON 300 MONTAJES EN 30 AÑOS
DE CARRERA, RENÉ RAMÍREZ SE DISTINGUE POR SU PRECISIÓN
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René Ramírez es el dueño de la voz que da las llamadas en el teatro para iniciar la función y es el director de una orquesta de técnicos -invisible a los ojos del público-, que espera su orden para que aparezcan un rastro con todo y reses, la cloaca que habitan los niños de la calle o el bosque de Hansel y Gretel sobre el escenario. En vez de partitura, René tiene un libreto de cuyas anotaciones dependen cada uno de los movimientos que se hacen para trasladar al espectador al tiempo y lugar de la ficción.
300 montajes en 30 años, ni un solo accidente y haber trabajado con los mejores directores de nuestro país, ubican a René entre los traspuntes más destacados de México.
“Yo coordino, prevengo y ejecuto”; dice para resumir la actividad de su vida. Con esta entrevista inicia la serie: El talento atrás del escenario, los que no se ven.
—¿Qué hace un traspunte?
—Mi función es leer el libreto, familiarizarme con éste. El iluminador, el escenógrafo y el director me dan indicaciones para hacer los movimientos técnicos de tramoya, iluminación, video, audio y efectos especiales; todo mi trabajo está apegado a los creativos, los actores y a lo que veo en los ensayos.
—¿Qué anotas?
—Los movimientos de tramoya que voy numerando. Algunos elementos escenográficos están colgados en el telar. Puede tratarse de un telón, o un trasto que es un bastidor de madera con medidas que van desde un metro hasta 10 de ancho por 8 de altura, según la escenografía que se requiera. El movimiento 1 puede ser: Baja la gasa negra. Movimiento 2: Baja traste de casa, movimiento 3: Sube gasa negra.
René prosigue. “Cada movimiento tiene un firme, o sea, cierta altura a la que debe llegar y detenerse, que marcamos con cinta adhesiva de color para indicar su posición.
“También hay tramoya de piso que generalmente son carros, esto es, construcciones con ruedas que representan por ejemplo, el mostrador de una taberna, una fuente, o unas escaleras. El director dice cuándo entra carro de mostrador del lado izquierdo actor, o del lado derecho actor. Puede ser que en ese mismo movimiento deba bajarse fondo negro, ó trasto de ventana y eso se numera con un movimiento más que puede ser el tres y así sucesivamente.
“Hemos llegado a hacer más de 100 movimientos de tramoya y eso lo anoto en el texto exacto de libreto.
“En otras ocasiones, estos movimientos o cambios son a vistas, o sucede que con una acción del actor viene la ejecución del movimiento, por ejemplo: cuando él se detiene y voltea a verme, ahí hay que hacer entrar el carro o bajar el trasto.
“Hay movimientos de iluminación. Esto implica que se graba un quiú de luz que indica entrada y puede usarse un sólo reflector o 100 reflectores en el mismo quiú y se numeran en el libreto.
“También hay movimientos de audio que pueden integrar la ambientación musical de la obra o sonidos de tormenta, de choques, cierre de puertas, o timbres, que están grabados en tracks y pueden ir a la par que los diálogos de los actores y también deben ir numerados.
“El video, como el audio o la iluminación, casi siempre se ejecutan al mismo tiempo que los actores dicen su texto y a la vista del público. La utilería igual. En cierto movimiento hay que meter elementos como mesas, sillas, sillones, una banquita y todo eso también lo tengo anotado.
“Asimismo la entrada de actores. Por ejemplo, yo sé en qué momento va a entrar un actor, por donde hace mutis (sale) y eso lo anoto en el libreto porque cualquiera de esas acciones implican quiús.
Cuando llega a haber efectos especiales y más con Luis (de Tavira) y Philippe (Amand), muchas veces debe haber explosiones, fuego, humo, niebla, nieve, tormenta, lluvia, esos también tienen un pie o quiú y yo debo prevenir y ejecutarlos”.
Gracias al fútbol aprendí el oficio
—En México no hay escuelas para traspuntes, ¿Cómo se aprende este oficio?
—En 1979 pisé por primera vez un foro. Yo era muy bueno para jugar fútbol y un amigo, Arturo Aceves, que trabajaba en el Teatro Del Bosque (hoy Teatro Julio Castillo), me invitó a jugar en su equipo. Me presentó con el maestro de tramoya que estaba ahí: Efrén Solares; ese día yo di el partidazo de mi vida y este señor, al verme jugar así dijo: Éste lo hago mío y empecé a trabajar ahí gracias fútbol.
“Antes, ya sabía leer planos de construcción de escenografías y algo de carpintería, estaba recién casado, en ese tiempo tenía 25 años.
“En mis primeros pasos le ayudé a cortar madera, empecé a hacer trastos, me gustaba mucho eso y a los dos meses de ir a diario sin recibir sueldo, por una lanita que me daban, corrí con la suerte de que preguntaron: ¿Y este muchacho qué? Me dieron la plaza de ayudante de utilería. Ya entré más en forma al teatro, seguí ayudando en tramoya, en utilería y empecé a aprender las partes técnicas de un foro.
“En ese tiempo estaba ya formada la antigua Compañía Nacional de Teatro, que coordinaba José Solé; Luis Gimeno era el director artístico y entré. Al año y medio se desocupó una plaza de traspunte. Yo siempre estaba detrás de Marte Mora y Rubén Ramírez viendo cómo trabajaban. Cuando éste último se fue a Bellas Artes, se desocupó la plaza que salió a concurso y obvio, yo gané. Mucha gente se apuntó pero yo fui el de la calificación más alta y me quedé con la plaza en 1981.
“Aprendí de ver, me fijaba mucho y en ese tiempo estaba el director técnico que era el señor Camarena, pero él no creía en mí porque yo era joven y le dijo a Marte Mora: Ponlo a prueba seis meses, pero a mí se me hacía chiquito el mundo y él me enseñaba, fue mi maestro, era de los antiguos traspuntes en México”.
Creo que sí soy traspunte
Marcado por obras como De la calle de Jesús González Dávila que dirigió Julio Castillo, René recuerda con cariño esa etapa.
“Una de mis primeras obras como traspunte fue De la calle con Julio Castillo, el maestro era todo un personaje y te llevaba de la mano. Al ver mi inexperiencia, Julio me decía: No te preocupes, vamos a hacerlo de nuevo y eso me ayudó mucho, me formó. Estuvimos juntos los dos años que duró esa obra. Al final de la temporada me dije: Creo que sí eres traspunte René.
A punto de descubrir el truco
—A lo largo de 30 años de trabajo en el Instituto Nacional de Bellas Artes dentro del Teatro del Bosque, luego de obtener reconocimientos y de haber realizado giras tanto al interior de la República como a festivales de teatro en Cádiz, Lyon, Bogotá y Caracas, ¿qué anécdotas vienen a tu memoria?
—Durante una gira con la obra Los enemigos de Sergio Magaña que dirigió Lorena Maza, -preciosa mujer-, fuimos a Colombia. Asistieron al teatro el embajador de México allá y el presidente de ese país, era una función de gala.
“Había en el escenario una piedra de sacrificios detrás de la que un actor le sacaba el corazón a Daniel Jiménez Cacho.
“Teníamos el truco escondido en la parte posterior, donde había una bandeja con un corazón y una estopa con sangre y este efecto estaba cubierto con una piedra que el utilero puso al revés por equivocación, o sea que el público se iba a dar cuenta de todo.
“Cuando uno de los actores entró a escena, le hice una señal, no se había dado cuenta de lo que pasaba, pero me vio tan desesperado que se detuvo y entonces se dio cuenta del error, así que le dio la vuelta a la piedra y ya todo salió bien.
“Alejandro Luna, que era el escenógrafo, no me quería en ese tiempo, yo no era de su buen ver, pero después de lo que pasó, le dijo a su entonces esposa Tolita Figueroa, diseñadora de vestuario, que todo lo que necesitara en el foro, lo hablara conmigo y desde entonces ya me quiere”.
El Sonoro, un caballo actor
En una ocasión –recuerda René– íbamos a estrenar Felipe Ángeles de Elena Garro en el Festival Internacional Cervantino, dirigía Luis de Tavira, la escenografía era de de Philipp Amand y había un efecto padrísimo con un tren. Esa vez teníamos un caballo en escena, se llamaba El Sonoro y el teatro era tan chiquito, que metíamos al caballo, que era enorme, por un pasillo de camerinos.
“Venía un movimiento muy complicado. Yo estaba con mi atril y mi libreto, y al pasar el caballo, me dio un nalgazo tan fuerte que me aventó lejos de mi posición. Mi lamparita, mis lentes, el atril y el libreto fueron a dar por todas partes cuando ya venía el movimiento.
“No sé cómo le hice, pero había que girar una plataforma y meter sobre ésta dos carros que formaban la fachada del Teatro de los Héroes. El carro debía llegar a una posición exacta al mismo tiempo del giro y yo desde el piso donde estaba todavía tirado, mandé el movimiento y afortunadamente todo entró a tiempo y en su lugar. Ya después busqué mis lentes aunque me quedé todo adolorido del fregadazo.
“Felipe Ángeles, era una obra poética que me gustaría volver a hacer porque cada movimiento me emocionaba: cuando fusilaban al héroe, cuando el tren se acercaba y los espectadores sentían que se les venía encima la locomotora.
“En una de las funciones, cuando El Sonoro entró al escenario, la plataforma giró y le pegó en una patita. Al siguiente día, cuando el animal vio venir el movimiento, solito levantó su pata. Luego, en otra escena donde bajaba una gasa blanca, él tenía que reparar con todo y jinete delante de una luz posterior que hacía ver la imagen del caballo enorme, como de diez metros, pero de repente escuché un grito y al voltear vi que El Sonoro estaba reparando sin jinete. Me fui atrás a ver qué pasaba, el jinete estaba en el piso, así que el caballito dijo: Yo hago mi número aunque sea sin actor y El Sonoro terminó su escena”.
El doctorado
Creo que mi doctorado –calcula René– de traspunte fue el montaje de Santa Juana de los mataderos de Bertlot Brecht. No ha habido otras más complicada que ésa. Hacía como 180 quiús de luces, 100 movimientos de tramoya y siete de video. Fue mi doctorado porque salí bien librado de ese montaje, nunca tuvimos un accidente grave. La obra fluía bajo mi tutela; éramos 50 técnicos, 100 personas atrás y yo al frente, dirigiendo la orquesta durante 5 horas y 37 minutos.
“Durante todo ese tiempo yo no dejaba de hablar, terminaba afónico de tanto que hablaba por el intercomunicador con los técnicos.
“De repente, desde el fondo del escenario entraba un carro y se venía hacia el frente. Era el vagón de un tren y yo debía calcular que éste pasara y que al mismo tiempo entrara una escalera de 8 metros con 10 actores arriba, pero si yo mandaba fuera de tiempo el movimiento, podían chocar los carros y los actores no tenían dónde sujetarse. Todo debía verse como un solo movimiento y ser muy exacto. Después de las escaleras bajaba una gasa que podía atorarse. Teníamos un cerdo, un semental que volábamos y que engordó 50 kilos durante las funciones, tanto así que dobló la vara desde donde colgaba y ya la dejaron así para recordar al cerdo”.
Cerca de la perfección
La falta de precisión en los movimientos de tramoya, puede volverse un peligro porque uno es quien tiene la responsabilidad física del actor –dice René.
Enrique Alonso (Cachirulo), Ludwik Margules, Julio Castillo, José Solé, Luis deTavira, José Caballero, Raúl Quintanilla, Lorena Maza, Ricardo Ramírez Carnero, Mauricio García Lozano, Salvador Garcini, Claudia Ríos, Sabina Berman, Mauro Mendoza, Jesusa Rodríguez, Marco Antonio Silva, Martín Acosta, Antonio Serrano, Antonio Algarra y Mario Espinosa, son algunos de los directores con quienes ha conformado su trayectoria.
—¿Qué es lo que te apasiona de tu trabajo?
—Que al final de la obra siento una satisfacción total de haber hecho bien mi trabajo porque cuando digo: Baja telón y al fin toca el piso, es un gusto saber que se dio una buena función.
—¿Te ha ocurrido algún accidente?
—No. Sólo cosas sencillas que han significado mucho para mí porque cuando empecé me adelanté a un oscuro y uno de los actores se molestó tanto, que salió y me dijo: Si quieres hacemos una obra para ti y eso me marcó tanto, que me dije: René, tienes que ser perfecto. Si quieres seguir en esto, no puede haber error.
2010-10-25
me encanta encontrar gente como rené en estos espacios, es muy importante reconocer el trabajo de todos los qe no se ven en el teatro pero qe por ellos se realiza cada función. un agasajo conocer a rené y una verdadera delicia verlo hacer su traba
2010-10-09