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Bandera Sección Letras

 

Siempre hay que amar a la

propia tierra: Omara Portento

 

 

 

“EL VALOR SOCIAL DE LA MÚSICA ES IMPORTANTÍSIMO. HAY QUE

RECONOCER LOS VALORES QUE TIENE LA CULTURA PARA NO PERDER LAS RAÍCES”

 

                                                                                             POR XAVIER QUIRARTE

 

 

  • MANUK

 

English version

 

De origen árabe, derivado de la palabra amara, el nombre Omara significa edificar, habitar. Y aunque la cantante cubana Omara Portuondo no se ha dedicado a la arquitectura, posee una profunda capacidad para edificar y habitar aquellas canciones que ha hecho suyas para deleite de quienes tienen la fortuna de escucharla.

Gracias (Montuno Records/J.M. Distribuidores, 2009) es su disco más reciente y hay que escucharlo bajito, en la noche, cuando todo está en paz. Para celebrar seis décadas de carrera evitó el camino fácil de organizar una antología de su larga lista de grabaciones y, en su lugar, entró al estudio de grabación para redescubrir canciones de Amaury Pérez, Ela O’Farril, Pablo Milanés, Chico Buarque, Henry Salvador, Silvio Rodríguez, Ernesto Grenet y otros, así como una pieza que Jorge Drexler le escribió a su medida para que dijera “Gracias”.

 

Por su voz clara, dúctil y seductora, debiera apellidarse Portento. Su majestuosa presencia escénica corresponde a ese tono elegante de cantar, a su forma de degustar las palabras y exponerlas a los escuchas que en ellas se reconocen. Con una larga carrera que se inició con el Cuarteto de Orlando de la Rosa, cantando en las estaciones de radio de La Habana, Omara ha sido una trabajadora constante en los escenarios, lo que le ha permitido conquistar el mundo.

 

Para alcanzar una meta en la vida, dice en entrevista, “hay que tener empeño, ansia de algo y amar una profesión, amar lo que se hace, con eso se pueden lograr cosas. Pero también hay cosas que uno no prevé y se logran, porque son distintas cosas que se funden en una. Con trabajo concatenado se puede lograr el éxito”.

 

Omara tiene la capacidad innata de meterse en la piel de las canciones y hacerlas suyas, algo que atribuye a una “cuestión de sensibilidad. Ahora usted me hace una entrevista; está escuchando, está grabando y pone algo de su parte, porque los periodistas también son creadores. Eso nos pasa a las intérpretes: tenemos que meternos dentro de los temas, en su línea melódica, y entonces es como si fuera tuyos. Compartes esa creación con el autor y haces tuya su sensibilidad.”

 

La reacción del público es el complemento a ese acto de creación. “Es algo muy especial: cuando se logra establecer esa comunicación entre público y artista es como un hechizo, es una cosa mágica. Antes de entrar al escenario siempre siento un miedo tremendo porque me preocupa lograr el hechizo. Cuando sales al escenario y la gente te recibe con cariño empieza la magia.”

 

Gracias es un disco seductoramente íntimo a través de canciones como “Adiós felicidad”, “O que será (A flor da terra)”, “Ámame como soy”, “Rabo de nube”, “Nuestra gran amor” o “Lo que me queda por vivir”.

 

Además de cantar bolero, explica Omara con una sonrisa, “he cantado el cha cha cha con Enrique Jorrín, de hecho hice muchos programas de televisión en México en que los ganadores de un concurso de baile iban a Cuba. También me gusta mucho cantar la rumba, el son y las canciones del fílin. Pero este disco lo hice más íntimo porque quizá voy a hacer otros menos íntimos –sonríe–. Fue algo que en ese momento se nos ocurrió. Por ejemplo, hay una canción que canto con mi nieta Rossio, que tenía entonces siete años. Me dijeron: Rossio va a cantar contigo. Yo pensé que era en broma. Se puso los audífonos y empezó: ‘Óyeme Cachita, traigo una rumbita...’ Le seguí la corriente porque pensé que era un chiste, pero lo dejaron en el disco”.

 

En Gracias fue la última ocasión en que Omara grabó con Chachaíto López, el contrabajista de Buena Vista Social Club, quien desafortunadamente falleció en febrero de 2009. “La última canción del disco que se grabó fue ‘Nuestro gran amor’, en la que tocaron Cachaíto y Chucho Valdés en el piano. Nadie sabía que ese iba a ser el último trabajo de Cachaíto, así que le dedicamos el disco porque fue su última presentación. Ese hombre era maravilloso como ser humano y como músico, pero falleció el año pasado... Así son las cosas de la vida...”, dice con un tono de nostalgia.

 

Ibrahím Ferrer, con quien hacía duetos de ensueño, sigue en su mente, le sugerimos. Su cara se ilumina con un gesto de amor y responde: “Dentro de las presentaciones que hago en vivo, cuando voy a cantar ‘Dos gardenias’, siempre siento como si Ibrahím estuviera a mi lado cantando esta canción de tantos años. Inclusive yo la grabé en solitario hace muchos años. Era una persona tan entrañable, tan linda. Yo lo conocí desde hace muchos años, cuando él hacía coros para Pacho Alonso y yo con el Cuarteto D’Aída. Con ‘Dos gardenias’ siempre recuerdo a Ibrahím Ferrer y a Buena Vista Social Club; es como si él estuviera en el escenario. Es una cosa muy especial que siempre me ha pasado”.

Larga fue también su relación con Rubén González, el pianista de Buena Vista Social Club, a quien siempre tiene presente como una persona muy jovial y alegre. “Tocaba el piano como un niño de 13 años. En los últimos conciertos seguía tocando su piano, pero por esas cosas de la vida que son inevitables, se nos fue. Sin embargo, todavía lo veo y lo siento conmigo, tocando su piano.”

 

Hablar de Cuba en el terreno político es siempre un tema polémico, muy discutible. Lo que es indiscutible, es el valor que le otorgan a su música. “El valor social de la música es importantísimo –advierte la cantante cubana–. La cultura es fundamental en todas partes del mundo. Reconocer los valores que tiene la cultura de un país es muy bueno porque no se pierden las raíces. Nosotros decimos música cubana, pero no dejamos de entender que hay música de todas partes del mundo. En Cuba hay gente que toca música mexicana, y siempre hemos tenido información de la música que se hace en Brasil, en Argentina, Estados Unidos y Europa. Pero nuestra música siempre nos ha ayudado a mantener la identidad. Siempre hay que amar a la tierra propia”.

 

¿Qué quiere que el público se lleve con su música?, le preguntamos para terminar la entrevista y Omara no duda en responder: “La alegría de la vida. No pido más que eso, si se tratar de pedir, porque eso no es algo que se tenga que pedir, la gente lo da. Por eso le agradezco tanto al público que asiste a nuestros conciertos, sus aplausos y su disfrute. Eso es una cosa importante, eso ni se da ni se quita, brota de manera espontánea como una flor, como una palma, algo que da la naturaleza”.

 

 

 

Omara
  • TOMAS MINA

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