
ALLIGATOR RECORDS SE HA DEDICADO POR MÁS DE CUATRO DÉCADAS A PROMOVER EL BLUES
![]() |
Hay que caminar con cuidado para no pisar sus cocodrilos. No es que sean peligrosos, pero los ejemplares de cerámica, peluche, metal, plástico, madera, cristal y cualquier material imaginable están por todas partes en la oficina de Bruce Iglauer, quien pasa el día rodeado de sus cocodrilos. Alguna vez le apodaron así por hacer sonar fuertemente su mandíbula, así que nada más natural que decidiera bautizar a su compañía Alligator Records.
Más de cuatro décadas dedicados a promover el blues hacen de Iglauer una especie de héroe, aunque él diga que simplemente decidió dar vida a su pasión. Por su sello han pasado músicos tan importantes como Big Walter Horton, Son Seals, Hound Dog Taylor, Albert Collins, Koko Taylor, Little Charlie & the Nightcats, Luther Allison y The Siegel-Schwall Band.
Si Iglauer decidió fundar esta compañía fue porque adora el blues, música que descubrió porque era un fan de la música folk en los sesentas. “Tenía mi guitarra acústica y mi armónica, pero tocaba horrible y no tenía ningún talento. Pero descubrí el blues y comencé a escuchar las pocas grabaciones de blues que se podían conseguir. Leí en una revista de folk sobre Bob Koester, el dueño de Delmark Records, una compañía muy importante, y convencí a mi universidad que debía contratar a una banda de blues para un concierto. Vine a Chicago para buscar una banda y lo único que sabía es que debía buscar a un hombre llamado Bob Koester”.
Localizó a Koester quien lo llevó a los clubes de blues que en ese tiempo estaban todos situados en los barrios negros del Southside de Chicago. “Finalmente llevé a Howlin’ Wolf a mi universidad y el concierto fue muy bueno, pero se había hecho una publicidad muy pobre, así que fui a las oficinas y les pregunté que si garantizaban el pago de otro concierto yo llevaría otro artista de blues y me encargaría de la publicidad. Contraté a Luther Allison, que entonces era un artista Delmark, hice toda publicidad y se vendieron todos los boletos para dos conciertos”.
Su relación con Koester se hizo más profunda. Decidió dejar la universidad y viajar a Chicago con la idea de quedarse un año para visitar todos los clubes. “Fui con Bob Koester y le pregunté si me podía dar un trabajo. Me contrató por 30 dólares a la semana para armar cajas en Delmark Records. Ese fue mi aprendizaje. Creo que ha sido más de un año desde que llegué a Chicago, porque todavía estoy aquí”, dice riendo.
Entre sus anécdotas cuenta que en 1970 fue al Florence’s Lounge, un club en el Southside que presentaba música sólo los domingos en noche, porque había conocido a Hound Dog Taylor en otros clubes y le había dicho que lo fuera a escuchar. “Lo había escuchado tocar con otros músicos y era un desastre. Nadie podía tocar con él, las canciones nunca eran terminadas de manera apropiada y yo pensaba que era una burla y que por ser un tipo agradable la gente permitía que tocara con ellos. Así que fui a verlo, lo escuché con su propia banda y fue mágico, era la música más viva que había escuchado, llena de energía. La gente bailaba por todas partes porque no había un sitio para ello, no había tarima ni sistema de sonido. Había movido dos meses y había dos guitarras eléctricas y una batería, sin bajo, un micrófono conectado al amplificador donde estaba la guitarra, así que era difícil escuchar la voz. Había grandes cantidades de distorsión, mucho ritmo y alegría con una música muy intensa y emotiva. Me enamoré de la banda”.
Días más tarde le dijo a Koester que debía grabar a Allison y que él debía producirlo. “¡Ah, el ego! –dice riendo–. Nunca lo había escuchado con su propia banda así que dijo que no. Mi padre murió cuando yo era muy pequeño, así que Koester era como mi padre y yo quería demostrarle que podía hacer algo con Allison. Todos queremos ser mejores que nuestros padres, así que empecé Alligator Records para grabar mi banda favorita. Básicamente lo que he hecho es grabar a mis músicos favoritos y tratando de convencer a toda la gente de que deben ser sus músicos favoritos”.
Al recordar los días de gloria del blues de Chicago, Iglauer recuerda que cuando trabajaba en Delmark Records con un grupo de alrededor de diez jóvenes blancos iba a los clubes del Southside, lo que culminó con la edición de la revista Living Blues. “Con excepción del Teresa’s Lounge, donde iban los estudiantes universitarios, nosotros éramos los únicos blancos que iban a los clubes. Si había otra persona blanca era alguien conocido. Nos frustraba que hubiera una revista inglesa de blues, incluso una sueca, y ninguna en la casa del blues. Así que decidimos que debía haber una revista estadunidense de blues. No soy un gran periodista, pero sí un gran organizador, así que si decido hacer algo por lo general lo hago. No sé si Living Blues hubiera empezado si yo no hubiera dicho: Está bien, nos vamos a ver en mi departamento tal día y vamos a hacer una revista de blues estadunidense. Así que asistan o dejen de quejarse. La mayoría vino. Todos sabían más de blues que yo, porque yo era increíblemente ignorante, pero podía escribir a máquina y encontrar un impresor. En eso yo era bueno. Yo fui el organizador, el que se subió al caballo y conducía al ganado. Y todavía soy bueno para eso”.
¿Cuál es el criterio para elegir un artista?, le preguntamos al hombre que recibe entre tres y siete cintas de grupos y solistas que quieren grabar con él, de los que rechaza el 99 por ciento, asegura con una sonrisa. La elección de artistas es muy difícil, responde, “porque el blues es música tradicional, así que todos los artistas deben entender la tradición, pero no repetirla. Busco alguien que tenga un pie en la tradición y un pie en el futuro. Si el blues no se vuelve algo fresco para el público joven se convertirá en una pieza de museo, como la música de Nueva Orleáns, que debe ser tocada de cierta forma, con ciertos instrumentos y ciertas canciones”.
Para que el blues tenga futuro debe tener ritmos contemporáneos, instrumentos contemporáneos y, sobre todo, debe hablar sobre temas contemporáneos, sostiene el director de Alligator Records. “Y la gente debe bailarlo, aunque yo soy un bailador terrible. Me imagino bandas de blues con gente negra y blanca, con hombres y mujeres, con instrumentos de blues tradicionales y tornamesas, con ritmos de shuffle y hip hop, con gente que haga rap en medio de un blues. Creo que ese tendrá que ser el futuro: la reinvención del blues. Tal vez no me guste tanto, pero otra gente responderá a ella”.