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El día que Billie Holiday murió, el 17 de julio de 1959, el poeta Frank O’Hara, escribiría después, deambulaba por las calles de Nueva York y en un momento dado pide “como por casualidad un cartón de Gauloises y un cartón / de Picayunes, y un New York Post con la cara de ella / y para entonces estoy sudando cantidad y me acuerdo / apoyado en la puerta de los lavabos en el 5 Spot / mientras ella susurraba una canción en el teclado / para Mal Waldron y todo el mundo y yo conteníamos el aliento”.
Medio siglo ha pasado desde que murió Lady Day –bautizada así por el saxofonista Lester Young– y las circunstancias en que vivió sus últimos días todavía quitan el aliento. En su poema “Tu arte inmaculado, Billie Holiday”, Jaime Manrique describe la descarnada escena. “… la voz destruida, / encadenada a tu lecho, / tus ojos dos algas negras fosforescentes, / las narices taponadas de heroína, / los sueños perfumados de gardenias, / cantaste tu último blues”.
Pero Lady Day no ha cantado su último blues: lo canta cada vez que escuchamos en sus discos ese tono inimitable que nos descubre sus dolores íntimos. Nos enfrenta a la soledad a la que fue orillada por el racismo, el maltrato de hombres que la explotaban, el acoso de vendedores de drogas y la persecución del sistema social. Por eso al principio tuvo que fingir lo que no era, como escribió en su autobiografía: “Le dijeron a (Count) Basie que era demasiado amarilla para cantar con todos los músicos negros en su banda... Así que consiguieron pintura especial y me dijeron que me la pusiera. Tenían que oscurecerme para que el espectáculo siguiera la dinámica de ganancias en Detroit… Tienes que sonreír para no vomitar”.
Su voz fue su arma para ganarse el respeto, como recuerda el baterista Roy Battle: “Apagaban el aire acondicionado, no servían nada, las meseras no tomaban ninguna orden, todo se detenía al punto de paralizarse. Y ella llegaba y sólo era Billie. Era sólo que ella era la reina. Era algo muy hermoso”. Así lo atestigua también el crítico Patrick Spike Hughes: “Era una muchacha alta, muy segura de sí misma, con una piel café dorada, exquisitamente exhibida”.
El músico y crítico Stanley Crouch cuenta que cuando le comentó a su padre lo hermoso que interpretaba las canciones de amor, éste acabo con su imagen romántica de Holiday con esta frase: “Deberías haberla escuchado cantando a una mujer. Allí era cuando verdaderamente cantaba. Sí, era buena y melosa, pero estaba en su elemento cuando trataba de subir a una muchacha junto a ella”.
Sarah Vaughan, Ella Fitzgerald y Carmen McRae comparten con Holiday la maternidad del jazz vocal, pero a ella le corresponde un sitio aparte. “Para nosotros era una semiodiosa –escribiría el crítico e historiador Ira Gitler–. No he escuchado a nadie que iguale su personalidad y su forma de abordar una canción. Igualmente adoro a Sarah Vaughan, pero Billie Holiday está en un nicho aparte”.
La cantante Abbey Lincoln, quien probablemente es quien más se acerca a su estilo sin intentar copiarla, sostiene que “era una reina sin ejército ni nadie que la protegiera”. Pero la cantante Diane Reeves afirma que poseía una gran fortaleza. “La gente hablaba sobre ella y decía que es una víctima de esto y una víctima de lo otro, y yo pensaba: no, esta persona es increíblemente fuerte. Tal vez fue victimada por la sociedad pero nunca la vi, ni vi que Billie se viera a sí misma como una víctima. Entre más la escucho, más crece mi amor por su espíritu y su fortaleza”.
Esa fortaleza le permitió legarnos un arte ejemplar que se sostiene hasta la fecha. En su autobiografía Malcolm X recuerda cuando cantó especialmente para él “You Don’t Know What Love Is”. “Esa fue la última vez que vi a Lady Day. Está muerta; las drogas y el corazón roto detuvieron ese corazón tan grande como un gran granero y el sonido y estilo que nadie copia con éxito. Lady Day cantaba con el alma de los negros con siglos de dolor y opresión. ¡Qué lástima que esa mujer negra, excelente y orgullosa nunca vivió donde la verdadera grandeza de la raza negra fuera apreciada!”.
“La intensidad emocional que ponía en las palabras que cantaba era memorable y algunas veces casi terrorífica; con frecuencia realmente vivía las palabras que cantaba”, explica el crítico Scott Yanow. Albert Ayler, saxofonista de free jazz dejó bien sentado su peso en la historia al mencionar que cuando Lester Young y Billie Holiday “se reunían había mucha belleza. Esta es la clase de gente que produce una verdad espiritual más allá de esta civilización”.
Si deseas escuchar algunas de las interpretaciones de esta mujer sin parangón, accede a las siguientes direcciones. En la primera opción encontrarás video y en la segunda la letra de la canción que escuchas.
My man
http://www.youtube.com/watch?v=IQlehVpcAes
http://www.letrascanciones.com.mx/index.php?search=songid&id=50272
Don´t explain
http://www.youtube.com/watch?v=vqTtRg36nQQ&feature=related
http://www.letrascanciones.com.mx/index.php?search=songid&id=35778
All of me
http://www.youtube.com/watch?v=a6YpH236MNQ
http://www.letrascanciones.com.mx/index.php?search=songid&id=74665