EL METROPOLITAN MUSEUM PRESENTA TRABAJOS DEL PINTOR ESPAÑOL CORRESPONDIENTES A SU PRIMERA ÉPOCA
Los detractores del gran arte, los que esperan ver en los museos ocurrencias inventadas ahora mismo con el único soporte estético de la dictadura de la novedad, como si eso fuera una virtud, están histéricos con la decisión de los grandes museos de exponer sus propias colecciones, sacarlas de las bodegas y mostrar al público exposiciones con obras maestras.
Es el caso del Metropolitan Museum de Nueva York y la muestra de las más de 150 obras que posee de Picasso entre dibujos, pinturas y grabados en diferentes técnicas. La colección resulta espectacular por la cantidad de pinturas de Picasso de su primera época, obras postimpresionistas en las que la composición del color anuncia lo que más tarde Picasso crearía como una autentica revolución el picassismo, posteriormente llamado Cubismo.
Pinturas realizadas en una juventud ya educada para ver, consciente del poder de la figura humana y de la fragilidad de mostrar sus emociones.
En el Lapin Agile, un acróbata callejero bebe una copa de ajenjo en un bar, orgulloso posa una mano en la cintura mientras detiene la copa en la barra, vicioso, elegante, con el rostro demacrado por el duro trabajo de recolectar unas monedas para comprar otra copa. La dignidad de su porte, demostrando con el aplomo de un soldado el uniforme que viste, tener un traje de rombos de colores es una batalla ganada, cada color es una medalla en la vida de este artista de mirada perdida y mandíbula afilada.
Las pinturas de mujeres son conmovedoras, Picasso pintaba en su pequeño estudio y desde ahí las modelos involuntarias eran las mujeres de las viviendas vecinas que se quedaban lavando, peinándose, bañándose, es una intimidad cotidiana que siempre sedujo a Picasso que vivió rodeado de mujeres que lo amaban y después lo odiaban. Denota una observación casi clínica, amorosa pero cargada de intromisión, de voyerismo.
La que es una auténtica joya, poco expuesta y cargada de un erotismo inusual en las pinturas de Picasso es Escena Erótica de 1903 también conocida como La Douleur, son dos mujeres, una de ellas casi una niña, reposa vestida en una cama blanca sobre almohadones, con los brazos atrás de la cabeza, relajada, seducida, mientras que otra, que vemos de espaladas, le practica sexo oral, sus senos caen, tiene la espalda curvada y la cabeza entre las piernas de su joven amante, sobre su coño infantil.
La paleta de Picasso es azul en el fondo, el cuerpo de la amante desnuda también delineado con azul hace a la piel fría y dura, joven, la niña vestida en otros tonos azules con un suéter tiene la cara perfectamente dibujada, sus ojos entre cerrados que apenas ven a su amante y las cejas espesas y el pelo negro de gitana, la cortina son unas pinceladas rápidas en un ángulo.
Este equilibrio que da la cortina le confiera una atmósfera de boudoir a la escena que la hace casi pornográfica, que nos lanza a ver al artista pagando a las niñas para que posaran en esta situación, para pintarlas del natural.
Los tonos azules de Picasso de esta época más que una búsqueda estética responden a los precios de los pigmentos, que varían según el color. Los pigmentos azules son los más baratos y cuando Picasso inició su carrera eran los que podía adquirir. Esta dificultad económica lo obligó a explorar en todas las variaciones que se podían obtener con estos tonos, llevando su investigación a obras cargadas de belleza en donde el color forma parte primordial de la composición. Luces y sombras azules, fondos, la piel de los modelos. Este baño de color que los hacía entre espectrales y místicos, sensuales o etéreos influyó en el dramatismo de las obras dándoles una gran sensibilidad, son románticas, evocativas. En momentos se convierten en piezas antiquísimas por la elementalidad de color.
Entre sus grabados está El Almuerzo Frugal, una obra impresa para el legendario marchante de arte Ambrosie Vollard. Es una pareja frente a los platos vacíos de su comida, una botella de vino está en el primer plano. Son delgados y hambrientos, sus ojeras y los ojos hundidos nos dicen que esa hambre es una compañía cruel en su existencia, ella ve con los ojos tristes y él amoroso la toma por el hombro y la abraza, trata en medio de esa vida dura y terrible de protegerla, consolarla. Ella se deja tomar, cómplice de su pareja, de su compañero. Él mira a un lado del cuadro, buscando algo, con las mejillas pegadas a los pómulos, marcadas, los labios finos hablan, como reclamando discreto para él mismo la frugalidad de lo servido, la miseria de la comida.
Es emocionante la delicada y humana observación de Picasso, cómo entra en la desolación de la pobreza y sin embargo el retrato de la pareja es elegante y hermoso. Los coronó con esa gracia que causa el dolor cuando no logra vencernos. Esa es parte de la misión del arte, llevarnos a enfrentarnos con la naturaleza humana, su dolor y su fuerza.
PICASSO IN THE METROPOLITAN MUSEUM
Del 27 de abril al 1 de agosto.