TOM EVERHART REINTERPRETA LA OBRA DE CHARLES SCHULZ
CON PASIÓN DE FAN Y GARRA DE ARTISTA
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Lichtenstein transformó los comics de los años 50’s, reconfiguró sus proporciones y los trazó, pintó y explotó los puntos del color y las líneas del dibujo para exaltar su presencia. El comic con esta aportación de Lichtenstein dejó su sitio de cultura popular para incorporarse como una experiencia artística.
Grandes dibujantes son creadores de comics y sin embargo conservan un sitio marginal dentro del arte. Tienen una obra que desarrolla ideas, es anecdótico, sus propuestas de escenarios y planos son la antesala del cine. Un buen comic es un story board. Eso lo han probado Quentin Tarantino y Robert Rodríguez que les bastó tomar las historias de Frank Miller y las filmaron cuadro por cuadro, como aparecen en el libro y con esto crearon películas de culto.
El comic despierta pasiones, los coleccionistas y seguidores se vuelven adictos a su ficción, al dibujo, a la vida que adquieren los personajes. Esto también sucede con otra variante, que por su síntesis son cápsulas que nos cuentan algo con personajes, son pequeñas fábulas. Esta es la tira, strip.
Uno de los grandes dibujantes de tira fue Charles Schulz. Su personaje Charlie Brown y su perro Snoopy -que manifestaba inteligencia y raciocinio con varios puntos de IQ por encima de los humanos- son figuras presentes en la cultura popular y emocional planetaria. En las tiras de Charlie Brown la vida es simplemente un pasar cotidiano donde se contempla con resignación budista lo que sucede, los niños asumen que su condición de no productores económicos y parasitarios de su entorno los arroja a vivir su existencia soportando una etapa que afortunadamente es efímera.
Los niños sentados en las banquetas parecen presos que platican en el patio de una prisión, la prisión de la infancia. Snoopy que no es niño y no es humano es un testigo indolente y perezoso. Snoopy tiene sus propios problemas, su paranoia y pesadilla es un piloto de la Primera Guerra, el Barón Rojo que ataca su avión y su tragedia es tener un dueño menos inteligente y carismático que él.
Tom Everhart es un pintor de California, gran colorista y hace una interpretación de los personajes de Schulz que dimensiona al dibujo mismo como una obra autónoma. La colaboración de Everhart y Schulz tiene ya 20 años e inició con una exposición en homenaje a Charlie Brown en el Louvre de París.
Fuera de la tira, sin la continuación de la historia, los dibujos de Schulz tienen una vida que va más allá del efímero periódico. Y esta interpretación la hace Everhart con pasión de fan y de artista. Al ampliar descomunalmente los dibujos encontró que los trazos en blanco y negro eran poderosos, expresionistas, vitales.
Para reinventarlos con su estilo los dibujó de nuevo a gran escala y los coloreó, unas versiones con óleo en pinturas tamaño mural, y en otras con litografías coloreadas una por una con acuarelas. Esta pinturas son furiosas en su color, explosivas, se deconstruye el personaje para emerger con una fuerza que en la tira no podíamos ver y que si presentíamos.
La pintura de Everhart saca del armario las frustraciones, emociones y preocupaciones de los personajes con una aplicación de color que no tiene límites. Para pintarlas Everhart literalmente se monta en la obra, las pinta con brochas y esponjas, aplica decenas de capas de color con esfuerzo físico, es un trabajo visceral.
La condición plana de las tiras es una frontera y Everhart no lo altera, respeta esta dimensión así como los bordes negros del dibujo y con el color crea atmósferas que las acerca a la Habitación Roja de Matisse y texturas que hacen a las pinturas táctiles.
Desde 1990 estas pinturas de Everhart han evolucionado violentamente, al inicio el color con tonos de tienda de dulces recreó el dibujo con un estilo impresionista y en momentos con puntillismo de Seurat. En la última exposición en el Schulz Museum en Santa Rosa California, las obras son histéricas, neuróticas, los colores que rodean a Snoopy tiemblan y se contorsionan en un ataque. Las obras tienen tonos de electroshocks o delirios de mezcalina.
Esto hace un valioso homenaje a Schulz, ver que sus dibujos tienen esas posibilidades, que esa tira de los domingos no es sólo cultura popular, es una aportación al dibujo y es un camino para crear con sus trazos obras impactantes. Everhart no mejora a Schulz, lo magnífica. Y esto es una llamada de atención que ayuda al reconocimiento del comic como arte.
Everhart en su estudio