CON LA FUNCIÓN DE ELISA CARRILLO, QUEDÓ CLARO QUE CUANDO QUIEREN, LAS INSTITUCIONES SÍ PROMUEVEN Y LOGRAN QUE UN TEATRO COMO EL DE BELLAS ARTES SE LLENE
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La fiesta
El 20 de febrero, después de una fuerte campaña publicitaria y de medios informativos, auspiciada por las instituciones culturales del país, se llevó a cabo la función de la bailarina texcoquense Elisa Carrillo –actualmente primera figura del Ballet de la Ópera de Berlín–, acompañada de sus amigos “las estrellas” europeas del arte balletístico (así fueron anunciados), en el Palacio de Bellas Artes, máximo recinto artístico de México.
El ritual del regreso de la hija pródiga se llevó a cabo tal como se esperaba: En el palco reservado a las celebridades y figuras políticas de primer nivel, vestida de negro, la Primera Dama, Margarita Zavala, avalaba el suceso que estaba muy lejos de ser sólo un acontecimiento artístico.
En el palco contrario, a poca distancia, con su cabello alborotado, entrecano y el rostro pálido, muy sonriente, la presidenta de Conaculta, Consuelo Sáizar, se regocijaba por estar al frente de la dependencia encargada de apoyar el arte y la cultura del país, sobre todo si de lo que se trataba esa noche era de ostentar como producto de la política cultural de México a una de las mejores bailarinas de ballet en el mundo.
Funcionarios de rango alto y medio del Instituto Nacional de Bellas Artes acudieron a la cita con su respectivo boleto de cortesía. Las señoras de clase pudiente, con vestidos de diseñador y bolsos de marca, se saludaban y refrendaban su alianza de clase.
Algunos miembros de la comunidad dancística hicieron acto de presencia: Cecilia Lugo, directora de Contempodanza; José Rivera, cabeza de la agrupación gay La Cebra; y Marco Antonio Silva, coreógrafo y ex funcionario del INBA, resaltaron por su peculiar manera de moverse en los espacios reservados a la élite del poder político y económico del país.
Los bailarines “de a pie” ocuparon el anfiteatro, en donde el ambiente suele ser más cordial y festivo, desprovisto ese espacio del glamour de la luneta principal y reservado a los que pagan menos por boleto.
Habían pasado semanas en las que se echaban al vuelo las campanas por la visita a México de la bailarina texcoquense, quien vive y trabaja en Berlín. Los medios de comunicación se habían encargado de engrandecer la fama de la intérprete y de seguir sus pasos desde su llegada al país hasta el día de la función en el Palacio de Bellas Artes. Una campaña a todo dar, digna de cualquier estrella de rock.
Entrevistas en uno y otro medio de comunicación, en donde a la bailarina se le trataba con preguntas aterciopeladas, para dar rienda suelta a la construcción de una historia de superación personal conmovedora.
Carrillo respondió a la expectativa de un país hambriento de figuras ejemplares. Dijo lo que se quería escuchar: que le enorgullece ser mexicana, que pone el nombre de México en alto en Europa, que valora tanto a su país de nacimiento tanto cuanto más lejos esté de él. En respuesta a esta conveniente posición de la bailarina, se le abrieron todas las puertas y se puso a su disposición la infraestructura para engrandecer a su figura.
El público iba predispuesto a aplaudir lo que se le presentara. Estaba ya preparado a homenajear a la exitosa bailarina mexicana, ofreciera lo que ofreciera. Y ciertamente no fue mucho. Carrillo bailó un pas de deux de Giselle, acompañada por el bailarín Semyon Chudin, del Ballet Bolshoi, y de bailarinas de la Compañía Nacional de Danza del INBA; Le grand pas de deux, de Christian Spuck, con el bailarín Mikhail Kaniskin; In the middle, somewhat elevated, de William Forsythe, también con Kaniskin; y el estreno de La llorona, de la rusa Xenia Wiest, con la participación de la soprano Gloria de la Cruz y Los trovadores de Rogelio Gaspar.
Es decir, sólo cuatro de las 15 presentaciones en que estuvo dividido el programa estuvieron a cargo de Carrillo, el resto recayeron en sus amigos, “las estrellas” de ballet que trajo de Europa.
Como ocurre con toda gala de ballet, de lo que se trataba era de divertir al público con destrezas físicas espectaculares. Se aplaude a un bailarín por la cantidad de piruetas que realiza, la altura de sus saltos, la velocidad o el grado de dificultad en la ejecución de sus movimientos.
En las galas de ballet no hay obra artística. En el caso del programa “Elisa y amigos”, además de los “números” de ballet, se estrenó La llorona, una pieza “deslactosada” en lo dancístico y que sólo valía la pena por la fuerza de la música de la canción tradicional mexicana, interpretada por Los trovadores de Rogelio Gaspar y la voz de contundente expresión dramática de la soprano Gloria de la Cruz.
Le gran pas de deux, de Christian Spuck, que Elisa y su marido el bailarín Mikhail Kaniskin interpretaron, fue un resbalón humorístico de “pastelazo”, que no alcanzó el nivel de un humor sarcástico inteligente. En esta obra, la bailarina es jaloneada por Kaniskin, maltratada y arrastrada. Una pieza con una fuerte carga misógina que, desde luego, fue celebrada con risas y aplausos por el público.
En una gala de ballet, en donde de lo que se trata es de mostrar el virtuosismo y la excelencia de la ejecución técnica, pocas veces es perdonada una caída, como la que tuvo el bailarín del Ballet Bolshoi, Semyon Chudin, quien, debe decirse, después hizo un gran esfuerzo para levantar la dignidad de la famosa tradición de la compañía a la que representa.
Quienes realmente tocaron un nivel artístico y permitieron el goce de una experiencia estética, al trascender el nivel del virtuosismo técnico para entrar en la dimensión de la construcción de un discurso sublime en escena, fueron el bailarín del Ballet de la Ópera de Berlín, Dinu Tamazlacaru, en la obra Les Bourgeois, de Ben van Cauwenbergh; y Anastasia Matvienko y Denis Matvienko, del Ballet de Kiev, en la pieza Radio and Juliet, del coreógrafo Edward Clug y música de Radiohead.
Mientras que la interpretación de Vladimir Malakhov –del Ballet de la Ópera de Berlín– de The dying swan (La muerte del cisne), nos recordó que en el ballet el momento del retiro es inaplazable y que hay bailarines que ya no pueden continuar como intérpretes de este arte tan estrictamente basado en un modelo arquetípico del cuerpo y en la capacidad de éste para alcanzar el virtuosismo técnico.
Quedó claro, eso sí, por qué Elisa Carrillo ha llegado a ocupar un lugar preponderante en una compañía de ballet de primera importancia en el mundo. Su técnica impecable, la elegancia de su línea, el dominio sobrio de la expresión, la cualidad diríamos exótica de su belleza física: morena, de brazos, piernas y cuello alargadísimos.
La probadita fue suficiente para que el público aplaudiera eufórico esa noche. Pero quedaba claro que lo que se festejaba era el triunfo de la bailarina mexicana en Europa, más no lo presentado en la función ofrecida en el Palacio de Bellas Artes que, como dije más arriba, no resultó de gran trascendencia artística.
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La resaca
Y un día después… La danza de México seguía pujando para salir adelante entre las dificultades que enfrenta, en general, el medio artístico y cultural del país.
El día de la función de Elisa Carrillo, una espectadora expresaba asombro porque el teatro estuviera lleno: “¡No pensé que la danza en México tuviera tanto público¡”
No –le dijimos. –Esta es una función de coyuntura. Ni es la danza mexicana, ni representa la realidad de este arte en el país. “Ah, comprendo”, dijo ella y luego un suspiro.
Pero –reparó– El lago de los cisnes tiene mucho éxito.
Sí –asentimos–. Y también El cascanueces, en diciembre.
El día que yo fui a la isleta del Lago de Chapultepec –añadió– vi el espacio todo iluminado, como un sueño. Los bailarines se veían muy lejos, no se apreciaba bien, pero el paisaje valía la pena. Me dio gripe porque hacía mucho aire.
–¿Y qué más ha visto de danza en México?, le preguntamos.
–Sólo eso. Y hoy. Nunca había entrado al Palacio de Bellas Artes.
Ésa es la realidad, la labor de cientos de bailarines en México pasa inadvertida, no por falta de calidad, sino porque para la difusión de su quehacer no se echa a andar a la maquinaria institucional que, con la función de Elisa Carrillo, quedó claro que cuando quieren, las instituciones sí promueven y logran que un teatro como el de Bellas Artes se llene.
El ciudadano promedio en México sabe que hay un espectáculo titulado El Lago de los cisnes, independientemente de si ha asistido o no, porque temporada tras temporada, se le difunde por todos los medios posibles, convirtiendo a este evento artístico en una atracción turística de la capital del país.
La temporada de este ballet ya tradicional será este año de 22 funciones, del 24 de febrero al 25 de marzo, a las 20 horas, como es ya costumbre en la Isleta del Bosque de Chapultepec, con el cuidado de la coreografía a cargo de los maestros Carlos López, Jorge Cano y Laura Echevarría, columnas de la Compañía Nacional de Danza del INBA.
Qué bien que El lago de los cisnes tenga su público y forme parte de la oferta artística capitalina, pero así como se promueven estos eventos, deberían designarse recursos para el resto de la danza en México, que padece la ausencia de los públicos y vive del sincero pero insuficiente aplauso de espectadores selectos que asiste fielmente a las funciones de las abundantes compañías dancísticas que hay en el país.
Ya Elisa Carrillo debe andar en Berlín preparándose para poner su talento al servicio de las obras de la compañía para la cual trabaja. Ya los públicos que asisten a las funciones del Ballet de la Ópera de Berlín, disfrutarán de propuestas artísticas en donde sí haya una obra qué ver.
A nosotros nos queda el sabor de esa breve demostración de virtuosismo de Carrillo y sus amigos, ofrecida el 20 de febrero. Quien pueda pagarse el viaje, podría asistir a alguna de las funciones del Ballet de la Ópera de Berlín para ver a la bailarina mexicana en todo su esplendor. Quienes no (que somos la mayoría), no debemos olvidar que en el país existen bailarines de talento, que esperan la oportunidad para que su quehacer en los escenarios mexicanos brille.
2012-06-25
Oh ^^ I wish I can go to Japan again soon. I stayed at the Prince Hotel (the one cetoecnnd to the Sunshine City) in 池袋 during the summer. The location was really convenient. How much will it be if I stay at Hotel Theatre for 1 week (double room)?