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La danza alegra a México

 

El nombramiento de la bailarina texcoquense Elisa Carrillo como
personaje prominente de Berlín por sus aportaciones a la cultura
alemana, levanta el orgullo patrio de los mexicanos

 

 

                                                                                                                                                                                                 POR Juan Hernández

 

   

 

 

En medio de tantas malas noticias: descabezados, ejecutados en masa, asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez y las consecuencias lamentables de la crisis económica para los ciudadanos de a pie, una noticia venida del medio de la danza alegra a México.

 

 

     Si, la danza, ni más ni menos.  Resulta que en un país carente ya no digamos de héroes sino de líderes ejemplares el que un mexicano sea reconocido no por su capacidad para el “chanchullo” sino por su talento y trabajo es todo un acontecimiento social.

 

 

       Esta es la historia en resumen: Hace cuatro años la bailarina mexicana Elisa Carrillo (Texcoco, Estado de México, 1981), egresada de la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea del INBA, ingresó al Ballet de la  Staatsoper de Berlín, que no es otra cosa que el Ballet de la Ópera de Berlín (la compañía de danza oficial de Alemania). En el 2009 fue elegida para interpretar al personaje principal en el ballet Blancanieves: Ataviada con diseños de Jean Paul Gaultier, la imagen de la mexicana dio la vuelta a Europa y se convirtió en una celebridad. En el 2011, meses después de ascender a la categoría de primera bailarina del Ballet de la Ópera de Berlín, el Estado alemán la reconoció entre las 50 personalidades prominentes por sus aportaciones a la cultura alemana.

 

 

       Elisa Carrillo salió de México hace 15 años,  cuando recibió una beca para estudiar en el English National Ballet, en Londres. A partir de ese momento la historia cambió para la bailarina.

 

 

       Dejar a México con el objetivo de  “triunfar” y ser reconocido en el extranjero para obtener también el aplauso mexicano es un círculo que se ha convertido en un lugar común. Y  lo es porque resulta ser verdad.

 

 

        Ahora Carrillo es prácticamente un héroe nacional, alegra a los alicaídos mexicanos que no la ven llegar con sus raquíticos salarios y la violencia en ascenso, que ya no respeta, como las malas enfermedades, sexo, raza, nivel educativo, social o económico.

 

 

       Desde luego que la bailarina mexicana es un orgullo para México, sin duda. Pero no podemos evitar hacer una reflexión al respecto, ya que no es la única bailarina que ha dejado al país para buscar en otro lugar las estructuras que permitan el desarrollo de sus habilidades de artista.

 

 

      La pregunta es: ¿Qué espera el Estado mexicano para ofrecer a sus talentos las oportunidades para crecer y tener una exposición internacional?

 

 

     Mientras celebramos el triunfo de Elisa Carrillo en Europa, en México los bailarines con el nivel para bailar en cualquier compañía de prestigio en el mundo ganan apenas lo indispensable para comer, y trabajan para coreógrafos y directores de compañías que reciben los apoyos institucionales destinados a la producción y promoción de la danza, quienes a su vez reparten migajas a los intérpretes, elementos indispensables para la existencia de la obra artística.

 

 

       ¿Qué lugar le damos a los bailarines en México? Y no me refiero al aprecio que de ellos se tenga socialmente, sino a la valoración que se les otorga dentro del mismo gremio de la danza,  en donde coreógrafos consolidados, que alguna vez también fueron bailarines, olvidan que sin los intérpretes no habría danza que ver.

 

 

     ¿Seguiremos permitiendo que los talentos mexicanos se vayan del país para luego sentirnos orgullosos de ellos y elevarlos como una bandera que dignifique lo que no hemos podido hacer en México con buena administración de los recursos públicos, con funcionarios honestos y políticas culturales eficientes?

 

 

       Elisa Carrillo es hoy una personalidad “prominente” de Berlín por sus aportaciones a la “cultura alemana” y eso es lo que la hace también hoy un orgullo en México, ¡qué bizarro¡ Resulta poco alentador, en el fondo, para los mexicanos.

 

 

       Es cierto, la bailarina hará una presentación en el Palacio de Bellas Artes, el 20 de febrero, acompañada de otros colegas bailarines europeos, y bailará una coreografía (solo) realizada especialmente para ella por la alemana de origen ruso Xenia Wiest, a partir de una canción típica mexicana cuyo nombre no ha sido dado a conocer.

 

 

      

  Los mexicanos asiduos al Palacio de Bellas Artes o aquellos que nunca van a ver danza pero no se perderán esta ocasión para compartir el éxito con la mexicana y sentirse plenos de orgullo patrio, disfrutarán seguramente de la gala de ballet “Elisa y amigos”.

 

       El éxito y las satisfacciones van en aumento para Carrillo, quien se lo merece por su esfuerzo, vocación y entrega a su profesión. El éxito es de ella y solamente de ella.

 

 

       Mientras tanto, en el país de los nopales, la danza continúa sumergida en una de sus peores crisis creativas, falta de estructuras para el desarrollo de los bailarines cada vez más talentosos que egresan de las escuelas oficiales, en particular de la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea del Instituto Nacional de Bellas Artes; con una Red Nacional de Festivales devastada por la falta de interés de la Coordinación Nacional de Danza del INBA, que en lugar de fortalecerla le ha ido retirando apoyo, y si no sólo baste preguntar a algunos de los promotores que mantienen, a pesar de todo, los festivales en los estados, entre ellos Cristóbal Ocaña, con el Avant-Garde en Mérida, Yucatán.

 

 

        Habrá quienes digan que sí hay impulso para la danza: Los beneficiados por las instituciones, desde luego. Y seguramente todos ellos merecen esos apoyos. Pero el punto no es ver por los intereses personales, sino por la construcción de una estructura que soporte el desarrollo de una disciplina artística que continúa a la espera de ser valorada.

 

 

       El orgullo patrio que hoy se manifiesta en México por los logros de Elisa Carrillo no hace más que subrayar las carencias que hay en el país. Esto no pasa con los ciudadanos de países acostumbrados a que sus artistas, deportistas, científicos y profesionales en general sean reconocidos internacionalmente.

 

 

      Aquí sí, porque si un mexicano recibe el nombramiento de gran personalidad fuera de México, entonces ese mexicano es visto como alguien “que sí la hizo”. Y eso, en este país devastado por la corrupción, la violencia y la falta de oportunidades para los jóvenes, se vuelve como una gota de agua para el sediento, un momento de justicia anhelada, un paliativo para el apaleado espíritu de los mexicanos que trabajan duro todos los días sin recibir la remuneración acorde a la importancia de su labor.

 

 

      Europa ya “arrebató” a México otro bien cultural. Parece el sino de la historia del país. Elisa Carrillo lleva casi la mitad de su vida en aquel continente. Alemania es hoy su casa, ahí se casó y en esa nación están sus amigos.

 

 

       “Alemania me ayudó a que mi sueño se volviera realidad, me dio mi carrera, me hizo bailarina; sé que tuve mis bases en México, que salí bien preparada de la Escuela Nacional de Danza Clásica”, dijo Elisa Carrillo en una entrevista ofrecida a los medios mexicanos vía Skype: los medios que hoy hacen eco de sus palabras pero que siguen ignorando a los talentos de la danza que trabajan arduamente aquí. Y es que hay que triunfar en el extranjero para entrar al país por la puerta grande.

 

 

      Este año la extraordinaria bailarina mexicana será la figura principal en el ballet “Romeo y Julieta”, de John Cranko, coreógrafo fallecido en 1973, quien dirigió desde 1961 y hasta su muerte el Stuttgart Ballet, compañía de la que Carrillo formó parte a partir de 1999 y hasta su salida para integrarse al Ballet de la Ópera de Berlín en el 2007.

 

 

      Los europeos y los alemanes en particular disfrutan del talento de la bailarina mexicana. Alemania es, cómo ella misma dijo en la entrevista con representantes de medios mexicanos, el país que la ha adoptado. “Aquí vivo, aquí tengo mi casa, mi esposo, un círculo de amigos, nunca va a ser como mi tierra, aunque yo ya tengo mi vida acá, nunca va a ser como México, aunque lleve casi la mitad de mi vida aquí. Mientras más lejos más me siento mexicana (sic), porque uno aprecia más lo que no tiene y yo lo valoro mucho”.

 

 

            ¡Válgame Dios¡

 

 

 

 

leydi quezada

2012-10-18

yo busco sobre tu carrera como bailarina no de algún baile de México

 

2012-02-26

 

2012-02-26

 

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