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Danza

 

 

 

Contempodanza, un cuarto de siglo
en la escena mexicana…

 

A PESAR DE LAS “GRILLAS” Y LA LUCHA VORAZ POR EL RAQUÍTICO
PASTEL DEL ESTADO EN FORMA DE “BECAS”

 

 

                                                                                                                                                                                                 POR Juan Hernández

 

                 

Cecilia Lugo provoca pasiones. O se le ama o se le odia. Para algunos es una “diva” insoportable, para otros una mujer de nobleza excepcional. Y como el alma de la artista es también la esencia de su obra, no se puede dejar de lado la personalidad de la tamaulipeca para analizar, con la mayor certeza posible,  a su quehacer en el arte de la danza mexicana contemporánea.

 


Para sobrevivir en un medio de envidias, de “grillas” y de lucha voraz por alcanzar un pedazo del cada vez más raquítico pastel que reparte el Estado en forma de “becas” para los creadores, Lugo ha tenido que echar mano no sólo de su talento, sino de su astucia y de una personalidad que, debe reconocerse, es absolutamente seductora.

 

Potencia su instinto maternal para gestar sus proyectos y después defenderlos contra todo peligro, hasta verlos crecer y caminar por sí mismos, con vida independiente. Contempodanza, la compañía que dio a luz hace 25 años, es su hijo predilecto. Es el hogar de sus danzas. Es en ese proyecto sólido en donde comparte la experiencia vital para respirar el olor inconfundible del arte del movimiento.

 

Un cuarto de siglo sosteniendo un proyecto artístico es un hecho heroico en un país como México, en el que vemos reciclarse las crisis económicas, a la espera de oportunidades para todos, de una educación de calidad y de un proyecto cultural estatal incluyente, que pondere el derecho de todo ciudadano a su acceso al arte y a la cultura.

 

Los esfuerzos de artistas como Cecilia Lugo, que se ha empeñado, amorosa y valiente, en construir una infraestructura que sostenga a su proyecto artístico, son los que devuelven la esperanza. Además de una creadora perseverante, la coreógrafa y bailarina ha tenido la visión para tejer fino la red que le ha permitido mantener a su compañía artística vigente, con impacto contundente en el medio cultural mexicano.

 

La artista ha abrevado de las arcas estatales, pero los resultados del usufructo no se han hecho esperar. Es una de las pocas cabezas que dirigen a una verdadera compañía estable, que es mucho decir, por las dificultades que eso representa, ya que exige tener una sede, un grupo de bailarines y colaboradores creativos permanentes (lo cual incluye un sueldo constante para ellos) y obra en repertorio.

 

Cecilia Lugo lo ha logrado todo. Y hoy es, sin duda, una coreógrafa madura en el medio dancístico nacional, con un estilo reconocible, y una obra que, independientemente del gusto individual ­–siempre respetable–, goza de gran calidad en su manufactura.

 

 

La poesía en el cuerpo

 

Cecilia Lugo es una poeta de los cuerpos. Los bailarines de su compañía, plumas de fina punta que escriben en el espacio y el tiempo la naturaleza efímera de su existencia. Potencian el instante.

 

Arkanum, De sueños... mares, Espejo de linces, obras que apuntan al ritual sagrado, a la poesía; Nicolasa, homenaje a Guillermina Bravo, preponderancia del eterno femenino y su poder creador; y Trazos de nostalgia, el cuerpo musical del mexicano como fuente de identidad profunda.

 

 

Cualquiera que sea la dirección a la que apunte una obra de Lugo, lo que está ahí, de manera constante, es su alma femenina, su visión de madre protectora, el talante de su tradición antigua mexicana, el dolor de su pueblo y, sobre todo, un optimismo que toma la forma del espíritu y otorga esencia a sus creaciones.

 

Cecilia acaricia, evoca, construye imágenes poéticas, redobla la potencia del cuerpo en la escritura simbólica de un discurso que atañe a la Humanidad toda.

 

Solamente un alma aguerrida, empeñada, crecida como la de Cecilia Lugo logra consolidar un proyecto artístico en medio de tanta dificultad. Y su esfuerzo ha sido reconocido muchas veces, con premios, becas, estímulos y aplausos. No le hace que la danza, por una política cultural actual desinteresada y poco efectiva, se desdibuje en el plano de las artes de la nación. No le hace que los vapuleados festivales de danza contemporánea, en otro tiempo vitales y propiciatorios de un movimiento dancístico nacional sólido, sobrevivan en estado de inanición. Artistas como Lugo devuelven al quehacer coreográfico el brillo.

 

Este año, la coreógrafa recibió el Premio Nacional de Danza “José Limón”, que otorga el Festival Internacional de Danza –que lleva el nombre del ilustre mexicano, que hizo carrera en Estados Unidos con los grandes reformadores de la danza moderna del siglo XX.

 

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                       

Memoria de soles

 

En el 2010, a propósito del Bicentenario de la Independencia de México, el Festival Internacional Cervantino encargó a Cecilia Lugo una obra conmemorativa de la gesta heroica, o mejor, una reflexión desde el presente sobre el pasado y un punto de vista sobre el futuro del país.

 

La coreógrafa cargó todas sus baterías en Memoria de soles, una obra en la que aborda un tema histórico, complejo. La artista luchó todo el tiempo contra la tentación de los clichés que el asunto le sugería; renunció a la estampa mexicana tradicional, eludió con todas sus fuerzas una exposición narrativa y obvia de sucesos históricos, y se deshizo de una estética “folclorizante”.

 

Apostó, por otro lado, a un lenguaje que, sin renunciar a una esencia evidentemente mexicana, tuviera una expresión absolutamente contemporánea. Se dejó llevar por el ritual, la herencia antigua de los primeros mexicanos, y de la espiritualidad de otras culturas, sobre todo de Oriente. En esta obra cumbre, está el estilo inequívoco de Lugo, pero también nuevas búsquedas.

 

En la elaboración de su lenguaje, Cecilia  hizo a un lado la suavidad de sus propuestas, el movimiento etéreo, los cuerpos ingrávidos. A los bailarines les propuso, por el contrario, el reto de dejar las alturas, para fijar sus caderas y  piernas en la tierra. Conectarse con la madre, volver al origen.

 

Un aplauso a Contempodanza por su tesón, capacidad organizativa y, sobre todo, a la complicidad de sus integrantes, los bailarines Guadalupe Acosta, Gabriela Gullco, Saúl Gurrola, Lino Perea, Marely Romero, Ugo Ruiz e Itzel Zavaleta, entre los muchos colaboradores que con su esfuerzo llenan de vitalidad no sólo a la compañía, también a la escuela y a la infraestructura que Lugo ha logrado levantar en la calle de Xicohténcatl, en Coyoacán.

 

El Palacio de Bellas Artes, máximo recinto artístico del país, abrió sus puertas el 30 de julio para la función conmemorativa de los 25 años de Contempodanza, con las presentaciones de las obras En el umbral y Memoria de Soles.

 

Enhorabuena.

 

 

 

PAtkdKbtLEGF

2012-12-20

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cDlmyFQnITLUD

2012-09-14

 

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2011-09-26

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2011-09-24

You're the geartest! JMHO

 

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