“HAY QUE ACERCAR A LA GENTE A LA DANZA, A PESAR DE QUE LA POLÍTICA Y LA REALIDAD
SOCIAL MEXICANA AHUYENTEN CADA VEZ MÁS A LAS PERSONAS DE LOS TEATROS”

El señor Michel Descombey es una figura querida y admirada en el mundo entero, una figura que desde 1976 cerró la puerta de su casa, en Francia, para venir a instalarse en tierra de aztecas. La pregunta acude a la mente de todos: ¿Qué motiva a un francés exitoso vivir en México? El maestro lo dice muy claro: “la calidad actoral que tienen los mexicanos no la encontré en otro lado”.
Algo ha de saber este hombre de “lados” cuando sus obras han sido montadas en casi todo el mundo, cuando inició su carrera profesional como bailarín del Cuerpo de Ballet de la Ópera de París, cuando fue nombrado primer bailarín, maitre de ballet y coreógrafo oficial, y cuando, además, se convirtió en director de dicha institución.
No para ahí. También trabajó como coreógrafo independiente creando obras para diversas compañías en Francia, Israel, Suiza, Japón, Alemania, Portugal. Fundó el Ballet Studio de l'Opera y dirigió el Ballet de la Opera de Zurich… bastante para alguien que sólo ha llegado a bailar por casualidad.
Pero, si el propio Descombey no se cansa de señalar que llegó a la danza de manera fortuita, ¿cómo ocurrió que a tan sólo 16 años de edad descubriera su verdadera vocación? La historia es interesante: El hombre que nació un 28 de octubre de 1930, bajo el signo de Escorpión, fue primero un músico destacado, gracias a las clases de piano y composición que tomó cuando pequeño.
Sin embargo, la música no colmaba las inquietudes de Michel. Ya con alguna inclinación ideológica por los valores de la izquierda, Michel pretendió convertirse en abogado o, quizá en maestro de letras, estudiando griego y también latín. Fue en vano; esta dedicación no acababa de prender la yesca de su espíritu.
Para los padres de Michel era claro que su entrenamiento no sólo debía limitarse al ámbito intelectual, sino que debía abarcar al físico. Nadie diría, décadas más adelante, que unas clases de danza que pretendían únicamente fortalecer su cuerpo adolescente, serían la válvula de escape para su virtuosismo corporal. Entonces el mundo entero asistió a la magia de este hombre.
México tuvo la gran fortuna de seducir a Michel para quedarse entre nosotros, aunque, a decir verdad, parte de esa seducción la ejerció Galdiola Orozco al invitar a Descombey a trabajar en México una corta temporada… No volvió a irse. Y, junto a la gran Gladiola mexicana, formaron el Ballet Teatro del Espacio.
Con una formación artística y política de gran rigor, Descombey aún no ha claudicado de sus principios de izquierda. Su obra coreográfica se destaca por el compromiso con la actualidad humana, sus luchas y sueños, su realidad y su futuro… Un compromiso que le llevó a prodigar apoyos a las víctimas del terremoto de 1985.
De sus obras más recordadas sobresale La muerte de un cisne, con música de Saint Saens, inspirada en la figura real de un bailarín mexicano que, afectado por un derrame cerebral, queda hemipléjico de la parte izquierda del cuerpo y lucha por continuar dentro de la escena dancística.
Michel Descombey pertenece a la clase de seres que todavía creen que la cultura es fundamental para el desarrollo de los pueblos. Entiende –y así lo manifiesta– que hay que acercar a la gente a la danza, a pesar de que la política y la realidad social mexicana ahuyenten cada vez más a las personas de los teatros.
Es caballero de la "Orden de las Artes y de las Letras", distinción otorgada por André Malraux, ministro de cultural del gobierno del general De Gaulle. Por su trabajo como creador en México, fue nombrado "Caballero de la Legión de Honor" por decreto del presidente francés, y recibió la Orden del Águila Azteca por su contribución a la evolución y perfeccionamiento de la danza en este país. También es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte del FONCA… ¡Larga vida a Michel Descombey!
