¿HABLAR O NO HABLAR BIEN DEL ESPECTÁCULO?... HE AHÍ EL DILEMA
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Hablar en México sobre crítica de danza –hacer crítica de la crítica–es traer a la memoria un breve grupo de personas que conforman el fenómeno dancístico desde el lenguaje escrito. A diferencia de la casi exponencial reproducción de bailarines y coreógrafos que se ha ido viviendo desde el surgimiento de los grupos de danza contemporánea independientes de finales de 1970, el panorama crítico se ha mantenido más o menos estable en cuanto al número de estudiosos de la danza que realizan su labor a través de las letras.
Tomemos en cuenta que apenas en 1983 se funda el Centro de Investigación y Documentación de la Danza que hoy se llama Centro de Investigación, Documentación e Información de la Danza “José Limón” adscrito al INBA y al Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA).
Este espacio de investigación ha redituado ciertamente en publicaciones que, sin embargo, son poco consultadas por la comunidad dancística en general. Y, aunque el CENIDI realiza un trabajo de investigación especializado, creo que cuando nos referimos a la crítica de danza, el primer impulso es pensar en aquélla que se hace en periódicos y revistas.
La crítica dancística en los medios de comunicación escritos, así como la difusión periodística de la danza, es la que verdaderamente interesa al grueso de los artistas que conforman esta disciplina.
Esto se debe a varias razones, de las cuales enumeraré sólo un par: sin generalizar, un gran número de creadores, y me refiero a coreógrafos y bailarines por igual, no cuentan con el hábito de la lectura.
Por una parte, debido a que la enorme carga de actividad física en una profesión mal remunerada, los obliga a dedicar su “tiempo libre” a labores que les den para sobrevivir, con lo que las posibles horas de lectura se esfuman.
Otra causa es que las publicaciones verdaderamente especializadas, libros y revistas, siguen siendo mínimas y no se han hecho serios esfuerzos editoriales que sean atractivos para una población que está en constante renovación y que se caracteriza por su juventud –si los bajos rangos de lectores de obras literarias en nuestro país son preocupantes, qué podemos decir en relación con los de textos danzarios.
La crítica de danza que se hace en la prensa es la que verdaderamente atrae la atención de sus hacedores. La crítica en los medios escritos es de fácil acceso, si se les da seguimiento a los críticos, por la regularidad con que publican y por la extensión de los textos.
Además, este tipo de crítica es atractiva porque da un panorama inmediato de lo que está sucediendo con sus colegas. Pero la clave de su relevancia está en que en que tiene una utilidad práctica, pues coadyuva en la inserción de coreógrafos y bailarines en las formas de producción neoliberales de la cultura implementadas por CONACULTA.
La danza genera la crítica y la crítica posibilita una legitimación de lo danzado. Como resultado de un mundo globalizado regido por los mass media, las políticas culturales que se han desarrollado en México por más de dos décadas, exigen que los artistas validen su trabajo al solicitar apoyos con materiales entre los que se incluye el periodístico.
Los funcionarios y jurados que otorgan financiamientos y becas basarán su dictamen con base no sólo en el currículum, videos y fotografías de los postulantes, sino también en lo que los medios han reportado sobre ellos.
Si la relación entre los creadores y la crítica es de origen conflictiva –sin tener necesariamente que serlo–, una disposición que obliga a coreógrafos y bailarines a contar con el respaldo de quienes escriben sobre danza para llevar a cabo sus empresas, puede causar francas reservas y enfrentamientos.
Por un lado está una persona, que puede ser un ávido espectador, un coreógrafo, un bailarín, un maestro o un teórico, interesado en el análisis escrito de una representación escénica en particular; esta persona se instalará dentro del ámbito de la crítica.
Y por el otro lado, encontramos un artista que necesita que su trabajo sea documentado para poder valorar cuál ha sido la recepción de su obra, que desea que quede un registro de su trayectoria, la cual en el futuro pueda ser objeto de investigación, y que requiere cubrir objetivos prácticos a través de la crítica: para los efectos administrativos de adquisición de apoyos que ya hemos mencionado.
En el mejor de los casos, crítico y artista se verán reconciliados si cada uno siente empatía por el trabajo del otro. Sin embargo, de origen, existe un condicionamiento que establece que la crítica en general, y específicamente la crítica de danza en México, no está a la altura de las obras que se presentan, ni del coreógrafo, ni de los bailarines.
En nuestro país, la crítica dancística es insuficiente: hay muy pocos críticos y contados espacios dentro de la prensa cuya vocación está dedicada exclusivamente a la danza. Esta carencia vuelve aun más ríspidas las relaciones entre el artista y el crítico. Dentro de un panorama amplio de propuestas creativas, pocos son los encargados de aventurar valoraciones sobre las mismas. La desproporción no es favorecedora, pues si el abanico de críticos fuera más amplio, disminuirían las suspicacias de los autores hacia las críticas al encontrar coincidencias entre éstas y no posturas que con frecuencia se oponen, dentro de las cuales la correcta siempre será, por supuesto, la que hable bien del espectáculo.
2012-09-14
2012-02-15
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